Una hierba aromática que merece atención
¿Te da pena cortar tu preciosa melisa para preparar infusiones o condimentar tus platos? No te preocupes: la poda le sienta de maravilla a esta planta. A continuación encontrarás este y otros consejos fundamentales para su cuidado.
La melisa (Melissa officinalis) es una de las hierbas aromáticas más apreciadas en el jardín. Se emplea en multitud de recetas culinarias y resulta especialmente indicada para preparar infusiones: basta con uno o dos tallos frescos en agua fría o caliente para obtener una bebida veraniega deliciosa y refrescante. Lo mejor de todo es que la melisa es bastante poco exigente y relativamente fácil de cultivar. Sin embargo, para disfrutarla durante mucho tiempo, conviene tener en cuenta estos tres cuidados imprescindibles.
1. No dejes que la melisa sufra sequía
El color verde intenso y fresco de sus hojas ya indica que la melisa necesita más agua que otras hierbas de hoja dura, como el tomillo o el ajedrea. Si el suelo está demasiado seco, la planta crece con debilidad y escasamente. En cambio, sobre un sustrato fresco, rico en humus y profundo, se desarrolla formando matas densas y frondosas.
A diferencia de muchas hierbas mediterráneas que prefieren suelos pobres, la melisa agradece una tierra de jardín fértil y no demasiado arenosa. Los suelos arcillosos con alto contenido en humus retienen mejor la humedad. También responde muy bien a una capa de mantillo de hojas y a aportaciones ocasionales de compost. Tras cada poda, esparce un poco de compost maduro alrededor de las plantas. En periodos de sequía, será necesario regar con regularidad.
Aunque la melisa adora la luz solar, si el lugar se seca demasiado rápido, esta vigorosa planta perenne se queda raquítica y se va quedando sin hojas. Esto puede ser un problema en macetas en el balcón o en el borde de un bancal elevado, donde los laterales se calientan mucho con el sol directo. En ese caso, es preferible situarla en el centro, donde otras plantas le proporcionen algo de sombra. A veces incluso crece mejor en un rincón ligeramente sombreado del jardín.
Además, la sequía hace que la melisa, de por sí bastante resistente, sea más vulnerable a enfermedades. Las plantas más viejas son especialmente propensas a contraer hongos de la roya. En caso de infección, una poda drástica es el remedio más eficaz.
La melisa realza limonadas y postres durante el verano con su característico aroma cítrico.
2. Divide y trasplanta la melisa con frecuencia
Si la melisa permanece demasiado tiempo en el mismo lugar, se va vaciando desde el interior, perdiendo densidad y vitalidad. ¿Has observado alguna vez su rizoma muy ramificado? Los pequeños estolones que produce ya indican que esta planta tiene tendencia natural a colonizar nuevo terreno.
Gracias a esos rizomas, puedes dividir la planta fácilmente y trasplantarla a otro emplazamiento, idealmente cada dos o tres años. Con frecuencia, la melisa se siembra sola por autosiembra, garantizando así su propia renovación. En tierra fresca, las plantas vuelven a arrancar con mucha energía.
Para que la melisa se establezca bien en su nueva ubicación, evita cavar demasiado cerca de los grupos de plantas, ya que las raíces se dañan con facilidad. En ocasiones, el envejecimiento también se debe a daños causados por el invierno. En zonas con climas especialmente duros, una cobertura de ramajes puede protegerla de las heladas.
3. Recorta hojas y tallos con regularidad
La poda tiene un efecto casi rejuvenecedor sobre la melisa: después de cortarla, brota con una vitalidad renovada. Puedes cosechar hojas y puntas de los tallos de forma continua a lo largo de la temporada. Así la planta nunca llega a florecer y siempre tendrás disponibles hojas tiernas y jóvenes.
Si tu objetivo es secar la melisa para hacer acopio de té, lo ideal es cosecharla justo antes de la floración, entre junio y agosto, que es cuando el aroma alcanza su máxima intensidad.
- Consejo extra: Deja que una parte de los tallos florezca, tanto para atraer a las abejas como para favorecer la autosiembra.
- Antes de que llegue el invierno, corta la mata de melisa dejando apenas cinco centímetros sobre el suelo. Esta práctica fortalece considerablemente la planta de cara a la siguiente temporada.









