5 consejos para eliminar las malas hierbas del jardín de forma eficaz

Las malas hierbas del jardín: por qué conviene conocer sus estrategias

Todo el mundo conoce el dicho de que “las malas hierbas nunca mueren”. Y hay mucho de verdad en eso. Sin embargo, existen trucos muy concretos que permiten mantener a raya estas plantas no deseadas. Cuanto mejor se conoce la estrategia de cada mala hierba, más eficaz resulta combatirla.

Una mala hierba no es más que una planta que crece en un lugar del jardín donde no es bienvenida. Su principal problema es que compite directamente con los cultivos por el agua y los nutrientes, pudiendo llegar incluso a asfixiarlos por completo. Por eso, eliminarlas a tiempo marca una gran diferencia.

Consejo 1: Arrancar las malas hierbas con raíz de raíz con cuidado

Con las malas hierbas de raíz, hay que actuar literalmente desde la base. Especies como la grama (Elymus repens), la correhuela (Convolvulus arvensis) o el pie de cabra (Aegopodium podagraria) se encuentran entre las más problemáticas: cualquier fragmento de raíz que quede en el suelo vuelve a brotar sin dificultad.

Este tipo de plantas hay que extraerlas junto con todos sus estolones subterráneos. Lo mejor es utilizar una horca de jardín. Para el pie de cabra, resulta especialmente útil una azada de tres puntas, con la que se puede llegar bien al fondo del sistema radicular y seguir los estolones hasta su mayor profundidad.

El diente de león (Taraxacum officinale), en cambio, desarrolla una raíz pivotante profunda que se extrae mejor con un extractor de malas hierbas. El ranúnculo rastrero (Ranunculus repens) posee un sistema radicular que puede alcanzar los 50 centímetros de profundidad; sus órganos de propagación se concentran en los nudos de la base de las hojas, así que al arrancarlo hay que asegurarse de extraer bien esos estolones vitales.

Por cierto, el ranúnculo rastrero, como otras muchas malas hierbas, es tóxico. Conviene usar guantes al escardar, ya que sus sustancias pueden provocar irritaciones cutáneas en personas sensibles.

Consejo 2: Eliminar las malas hierbas de semilla antes de que granen

Plantas como el mastuerzo piloso (Cardamine hirsuta), la pamplina (Stellaria media) o el senecio (Senecio vulgaris) producen semillas muy rápidamente tras la floración y se propagan de forma masiva. Hay que adelantarse a ellas.

El escardado regular con una azada mantiene estas especies bajo control. Con suelo húmedo, por ejemplo tras una lluvia, resultan muy fáciles de arrancar con la mano. A diferencia de las malas hierbas de raíz, con estas basta una azada de mano sencilla.

Consejo 3: Eliminar las malas hierbas de forma metódica y constante

Antes de preparar un nuevo arriate, es imprescindible limpiar bien la superficie de malas hierbas. Si el terreno está muy invadido, se puede cubrir la zona con plástico negro durante un tiempo prolongado. Esta técnica se aplica especialmente contra el pie de cabra o cuando el suelo está plagado de cola de caballo (Equisetum arvense).

No hay que olvidar que las malas hierbas también actúan como plantas indicadoras. Un suelo muy compactado puede necesitar más de una ronda de escardado y una mejora estructural profunda antes de ser cultivado. La clave para un escardado eficaz es la constancia. Especialmente en primavera y en otoño, cuando las primeras lluvias tras un verano seco desencadenan un segundo impulso de crecimiento, conviene escardar y arrancar con regularidad.

El escardado frecuente es una de las medidas más eficaces para controlar las malas hierbas en el huerto y los macizos de flores.

Consejo 4: No echar todas las malas hierbas al compost

Las malas hierbas con raíz no deben ir nunca al compost. Al igual que en la tierra, cualquier fragmento puede regenerar una planta nueva. Si después se extiende ese compost por el jardín, se estará reintroduciendo el problema de forma involuntaria.

Algo parecido ocurre con las malas hierbas de semilla que ya han madurado. Incluso cuando todavía están en flor, algunas especies pueden seguir madurando sobre el montón de compost. La semilla queda entonces en la tierra y germina en cuanto encuentra las condiciones favorables.

Distinto es el caso del compost comercial o el procedente de plantas de reciclaje, que se somete a altas temperaturas durante su procesado. Ese tratamiento térmico destruye tanto las raíces como las semillas de las malas hierbas.

Las malas hierbas con raíz es mejor eliminarlas en la basura convencional. Las de semilla pueden ir al compost únicamente mientras estén verdes y sin florecer. En el huerto, las malas hierbas recién arrancadas con azada pueden dejarse directamente sobre el suelo como acolchado. Lo ideal es elegir un día seco y soleado: con el calor, las plantas arrancadas se marchitan enseguida y ya no pueden causar daño alguno.

Consejo 5: De la horca al plato

Muchas malas hierbas son comestibles y constituyen una excelente verdura silvestre. Los brotes tiernos del pie de cabra o las puntas jóvenes de ortiga se pueden usar directamente para preparar una quiche o una tortilla. Y si tienes un diente de león en el jardín que piensas arrancar, prueba a cubrirlo con un recipiente invertido unos días antes de extraerlo. Al crecer sin luz se vuelve más tierno y suave, perfecto para añadir a una ensalada de temporada.

Author

  • Ignacia Antonia es una creadora digital chilena que comparte contenido sobre lifestyle, tendencias y momentos de la vida cotidiana. Sus publicaciones destacan por un estilo moderno, cercano y enfocado en la inspiración diaria.

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