Tres errores que arruinan tu huerto elevado antes de empezar
¿Quieres instalar un huerto elevado en tu jardín? Antes de ponerte manos a la obra, conviene que conozcas los tres errores más habituales que pueden arruinar el resultado. Lo peor es que, una vez cometidos, resultan prácticamente imposibles de corregir.
La jardinería en altura tiene una ventaja clara: puedes sembrar, cuidar y recolectar sin tener que agacharte constantemente. Pero para disfrutar de esa comodidad durante muchos años, la construcción y el relleno del huerto deben hacerse bien desde el principio.
Error 1: El huerto elevado no está revestido por dentro
Si construyes tu huerto elevado con madera de abeto o pino, es fundamental que esa madera no entre en contacto directo con la tierra interior. Incluso la madera tratada o impregnada acaba pudriendo al cabo de pocos años cuando permanece en contacto con un sustrato húmedo, y el huerto queda completamente inutilizable.
Las maderas de alerce o de abeto de Douglas aguantan considerablemente mejor y pueden durar muchos años sin problemas, aunque a la larga también se deterioran. La solución más eficaz es forrar el interior del huerto antes de llenarlo con una lámina de estanque. Aún mejor resulta emplear una lámina de drenaje con protuberancias, ya que evita que se acumule condensación entre la madera y la lámina.
Fija el revestimiento únicamente en el borde superior del huerto, con tornillos o clavos, sin anclarlo a lo largo de toda la pared lateral. Cada perforación en la lámina es un punto débil potencial. Una vez relleno el huerto, el propio peso de la tierra presionará la lámina contra las paredes de forma natural.
Lo ideal es que el huerto elevado tenga contacto directo con el suelo del jardín. Para protegerlo de los topos y ratones de campo, coloca en la base una malla metálica de huecos pequeños, como la que se usa en aviarios. El simple alambre para conejos no es suficiente para mantener alejados a estos roedores.
Error 2: El huerto elevado es demasiado ancho
La altura óptima de un huerto elevado se sitúa entre 80 y 100 centímetros. En cuanto a la anchura, la regla es sencilla: debes poder alcanzar el centro con comodidad desde ambos lados, sin necesidad de ningún apoyo ni herramienta adicional.
Dependiendo de la estatura del jardinero, el ancho recomendado es de unos 120 centímetros, con un máximo de 130 centímetros. Si el huerto es más ancho, tendrás que estirarte de forma incómoda o incluso subir a un taburete para alcanzar la zona central, lo que elimina precisamente la ventaja ergonómica que buscabas.
Respecto a la longitud, el único límite real es el espacio disponible en tu jardín. Para obtener una buena cosecha, los huertos elevados de alrededor de dos metros de largo suelen dar los mejores resultados.
En un huerto elevado prosperan lechugas, hierbas aromáticas y hortalizas a una altura cómoda. La anchura también debe elegirse para que trabajar en él resulte agradable.
Error 3: El huerto elevado está ubicado a la sombra
La mayoría de hierbas y verduras que se cultivan en huertos elevados son plantas amantes del sol. Por eso, la ubicación ideal debe recibir plena exposición solar durante el mayor tiempo posible a lo largo del día.
Si no hay más remedio, también puede funcionar una posición con media sombra ligera, en la que el sol quede tapado solo durante una o dos horas. Eso sí, asegúrate de que puedas acceder al huerto por todos sus lados sin obstáculos.
Otro aspecto clave es el viento. El lugar elegido debería estar protegido del viento al menos por uno de sus lados, preferiblemente por dos. Muchas hortalizas crecen peor o producen menos frutos cuando están expuestas a corrientes de aire constantes.
Elige bien el emplazamiento definitivo antes de construir y rellenar el huerto con compost y materia orgánica. Una vez lleno y en su posición, resulta tan pesado que moverlo se convierte en una tarea prácticamente imposible. Tómate el tiempo necesario para encontrar el rincón perfecto desde el principio.









