3 consejos contra las algas en el estanque del jardín

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¿Por qué aparecen algas en el estanque?

¿Un brillo verdoso en el agua o incluso una espesa capa viscosa flotando en la superficie? No es solo un problema estético. Es una señal clara de que el equilibrio biológico de tu estanque se ha roto.

La proliferación excesiva de algas ocurre cuando el estanque pierde su equilibrio natural. Aunque las algas son bienvenidas como productoras de oxígeno, en condiciones normales organismos como las pulgas de agua las mantienen a raya alimentándose de ellas. Cuando crecen en exceso, enturbian el agua, mueren y se acumulan en el fondo, lo que reduce drásticamente el nivel de oxígeno y puede hacer que el estanque colapse por completo. Los peces llegarían a asfixiarse.

Las principales causas del fenómeno conocido como “floración algal” son el aumento de las temperaturas del agua y del aire, un exceso de peces con alta producción de excrementos, fertilizantes arrastrados al agua por la lluvia, y las hojas caídas en otoño. En resumen: demasiados nutrientes en el agua favorecen el crecimiento descontrolado de las algas.

Consejo 1: Retirar las algas con una red

El primer paso más inmediato es eliminar las algas manualmente con regularidad usando una red o rastrillo de estanque. Sin embargo, hay que ser consciente de que esta solución es solo temporal, ya que el crecimiento algal se reanuda rápidamente.

Para frenar ese ritmo, una bomba que mantenga el agua en movimiento puede ser muy útil, ya que las algas no prosperan en aguas agitadas. También es posible reducir el fosfato del estanque, uno de los principales nutrientes de las algas, mediante el uso de agentes minerales aglutinantes que lo eliminan del agua, dejándolo inaccesible tanto para las algas como para las plantas acuáticas. Estos productos se encuentran disponibles en tiendas especializadas.

Además de las algas, conviene retirar durante todo el año las hojas caídas, el polen y las escamas de yemas de la superficie del estanque. Los llamados skimmers o desnatadores automáticos pueden encargarse de esta tarea de forma continua.

Consejo 2: Renovar el estanque

La solución más efectiva y duradera es llevar a cabo una renovación completa del estanque. Para ello, hay que extraer los cestos con las plantas acuáticas y eliminar la capa de lodo que se acumula en el fondo. Al replantar, utiliza únicamente tierra para estanques pobre en nutrientes y recorta drásticamente las plantas existentes. En muchos casos, lo más conveniente es replantarlo con esquejes o fragmentos de las plantas originales.

También conviene revisar con criterio la ubicación del estanque. Si está situado en una zona deprimida hacia la que fluye el agua de escorrentía, se puede instalar un anillo de drenaje en el perímetro relleno de arena gruesa que actúe como filtro. Para reducir la irradiación solar y el consiguiente calentamiento del agua, se puede crear algo de sombra parcial mediante plantas de hoja perenne.

Respecto a los peces, merece la pena reflexionar sobre su presencia en el estanque, especialmente si se alimentan con regularidad. Especies como el moderlieschen (gardón de aleta roja) se alimentan únicamente de lo que encuentran en el estanque. Un número reducido de peces genera evidentemente muchos menos residuos que una gran población. Quien quiera tener peces de mayor tamaño no tendrá más remedio que instalar un buen sistema de filtración, que además puede combinarse con un clarificador UVC, cuya luz ultravioleta actúa eficazmente contra bacterias y algas.

Consejo 3: Analizar el contenido de fosfato del agua

Los fosfatos son el principal detonante del crecimiento algal. Por eso es fundamental prestar atención al tipo de agua con la que se llena el estanque. El agua de lluvia es la opción con menor contenido en fosfatos, ya que está libre de minerales, aunque conviene filtrar previamente las partículas de suciedad que pueda arrastrar.

El agua freática también es relativamente baja en fosfatos, aunque pocos jardineros disponen de un pozo propio. El agua del grifo puede ser problemática si presenta una carga elevada de fosfatos. En ese caso, es recomendable consultar con la empresa suministradora local los niveles exactos y, si fuera necesario, recurrir a reductores o captadores de fosfato específicos para estanques.

Otra opción interesante es introducir corteza de pino o corteza molida en una red sumergida en el estanque. Este material tiene la capacidad de reducir el pH del agua, lo que contribuye también a controlar el desarrollo de las algas.

Author

  • Ignacia Antonia es una creadora digital chilena que comparte contenido sobre lifestyle, tendencias y momentos de la vida cotidiana. Sus publicaciones destacan por un estilo moderno, cercano y enfocado en la inspiración diaria.

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