10 plantas venenosas peligrosas que deberías conocer

Vea cdta.cl con más frecuencia en los resultados de búsqueda de Google.

Añadir cdta.cl a Google

Plantas hermosas pero letales a tu alrededor

En el jardín y en la naturaleza conviven muchas plantas de aspecto atractivo que esconden un potencial tóxico enorme. Algunas son especialmente traicioneras porque se parecen a especies comestibles hasta el punto de confundirse fácilmente. El Solanum nigrum, por ejemplo, guarda un parecido inquietante con el tomate, su pariente cercano. Por eso es fundamental conocer estas plantas y saber cómo actuar ante ellas.

Primeros auxilios ante una intoxicación por plantas

En la mayoría de los casos no existen antídotos eficaces contra los venenos vegetales. La primera medida, tras llamar de inmediato a urgencias informando sobre la intoxicación, es administrar carbón activado medicinal, ya que absorbe las sustancias tóxicas. Si hay niños en casa, conviene tener siempre carbón activado en formato granulado o en comprimidos y saber utilizarlo correctamente, porque en estos casos cada minuto cuenta.

Si has presenciado lo que ha ingerido el niño pero no puedes identificar con certeza la planta, lleva una muestra al servicio de urgencias. Esa información puede ser determinante para el tratamiento.

Estas plantas son tóxicas

Torvisco o Dafne (Daphne mezereum)

El torvisco crece en bosques caducifolios y mixtos, aunque también se cultiva con frecuencia como planta ornamental en jardines. Prefiere suelos calizos y ricos en humus. Sus llamativas flores rosadas, que aparecen entre febrero y abril desprendiendo un intenso aroma, brotan directamente de los tallos leñosos. En julio y agosto produce bayas rojas que recuerdan a las grosellas, tanto en forma como en color, lo que las convierte en un peligro real para los niños.

El veneno se concentra principalmente en las semillas de las bayas y en la corteza del arbusto. Los dos principios activos son la mezerina (en las semillas) y la daphnetoxina (en la corteza). Tras ingerir partes de la planta, aparece rápidamente una sensación de ardor en la boca, seguida de inflamación de la lengua, labios y mucosas. Le siguen calambres estomacales, vómitos y diarrea, además de mareos y dolor de cabeza como consecuencia del efecto sobre el sistema nervioso central y los riñones. La temperatura corporal y la frecuencia cardíaca se disparan, y finalmente puede producirse un colapso circulatorio. La dosis letal se estima en cuatro o cinco bayas para niños y entre diez y doce para adultos.

Cólquico o Quitameriendas (Colchicum autumnale)

Esta pequeña planta bulbosa crece principalmente en prados húmedos de Europa central, occidental y meridional. Sus flores, que van del rosa al lila, aparecen entre agosto y octubre y se asemejan al azafrán, que florece en la misma época. Las hojas emergen en primavera y se confunden con frecuencia con las del ajo de oso, lo que representa un peligro real. Su veneno, la colchicina, es similar al arsénico y resulta mortal incluso en pequeñas cantidades.

Si se consumen las semillas de la planta (basta con dos a cinco gramos para que sea fatal), los primeros síntomas de intoxicación aparecen unas seis horas después: dificultad para tragar y sensación de ardor en garganta y boca. Posteriormente sobrevienen vómitos, calambres estomacales, diarreas intensas y una caída de la presión arterial acompañada de descenso de la temperatura corporal. La muerte por parálisis respiratoria puede producirse entre uno y dos días después.

Heracleum o Perejilón gigante (Heracleum mantegazzianum)

Esta planta de vida corta es imposible de ignorar cuando alcanza su pleno desarrollo, pues en su segundo año tras la siembra puede crecer entre dos y cuatro metros de altura. Prefiere suelos húmedos y calcáreos, aunque se adapta sin dificultad a condiciones variadas. En los extremos de sus tallos forma grandes umbelas de entre 30 y 50 centímetros de diámetro, y sus hojas profundamente dentadas pueden alcanzar un metro de longitud. El tallo tubular, salpicado de manchas rojizas, llega a superar los diez centímetros de diámetro en la base.

Su imponente aspecto fue probablemente el motivo por el que se introdujo como planta ornamental desde el Cáucaso. Con el tiempo, gracias a su vigoroso crecimiento y enorme capacidad reproductora, se ha extendido por numerosos espacios naturales. Aunque no provoca intoxicaciones mortales, su savia en contacto con la piel y la luz solar causa quemaduras graves y extremadamente dolorosas que tardan mucho tiempo en cicatrizar. Los responsables son los furanocumarinos fototóxicos presentes en su jugo. Los niños que juegan al aire libre y los animales domésticos son los más expuestos.

Lluvia de oro o Laburno (Laburnum anagyroides)

Originario del sur de Europa, este pequeño árbol lleva siglos cultivándose como ornamental gracias a sus vistosas racimos de flores amarillas. En estado silvestre solo aparece en el suroeste de Alemania, pero es habitual encontrarlo en parques y jardines. Precisamente ahí se producen frecuentes intoxicaciones en niños pequeños, porque el laburno desarrolla sus frutos en vainas que recuerdan a guisantes y judías. Los niños los consideran comestibles y se intoxican sin saberlo.

En toda la planta, y especialmente en las vainas, se acumulan los alcaloides citisina, laburnina, laburamina y N-metilcitisina. La dosis letal en niños ronda las tres a cinco vainas (entre diez y quince semillas). El efecto del veneno es engañoso: en una primera fase estimula el sistema nervioso central, pero luego lo paraliza. Durante la primera hora aparecen ardor en boca y garganta, sed intensa, vómitos, calambres y fiebre. Más adelante se describen estados de agitación y delirio. Las pupilas se dilatan, surgen espasmos musculares que en dosis letales pueden derivar en parálisis total, y finalmente la muerte sobreviene por parálisis respiratoria.

Belladona (Atropa belladonna)

La belladona crece principalmente en bosques caducifolios y mixtos con suelos calizos. Con hasta dos metros de altura, la planta es visible desde lejos. Entre junio y septiembre produce flores acampanadas de color rojo parduzco, amarillas por dentro y surcadas de venas oscuras. Entre agosto y septiembre aparecen las bayas de uno a dos centímetros, que pasan del verde (inmaduras) al negro (maduras). Sus principios activos principales son la atropina, la escopolamina y la L-hioscialamina, concentrados en toda la planta pero sobre todo en la raíz.

Lo especialmente peligroso es que las bayas tienen un sabor dulce y agradable, por lo que los niños no sienten rechazo al comerlas. Solo tres o cuatro bayas pueden ser mortales para un niño (diez a doce en adultos). Los primeros síntomas son pupilas dilatadas, enrojecimiento facial, mucosas secas y pulso acelerado. Le siguen trastornos del habla hasta la afasia total, cambios de humor, alucinaciones e inquietud motora. Los espasmos musculares intensos y la alteración del ritmo cardíaco son también característicos. Tras la pérdida de consciencia, el color del rostro pasa del rojo al azul y la temperatura corporal desciende. A partir de ese punto, el paciente puede recuperarse o morir en coma por parálisis respiratoria.

Bonetero europeo (Euonymus europaeus)

Este arbusto autóctono puede alcanzar seis metros de altura y crece principalmente en bosques y bordes de bosque con suelos arcillosos húmedos. Tras la floración de mayo a junio, desarrolla llamativas cápsulas de cuatro lóbulos de color naranja rojizo intenso que al madurar se abren para liberar las semillas. Precisamente esas frutas tan vistosas son una fuente de peligro elevado, ya que atraen a los niños. El principal tóxico es el alcaloide evonina.

Detectar una intoxicación por bonetero no es sencillo, ya que los primeros síntomas tardan unas 15 horas en aparecer. Cuando se manifiestan, incluyen vómitos, diarrea y calambres estomacales. Afortunadamente, la dosis letal es relativamente alta —entre 30 y 40 frutos—, por lo que los accidentes mortales son poco frecuentes.

Tejo (Taxus baccata)

En la naturaleza el tejo prefiere suelos calizos y bosques mixtos, aunque su capacidad para tolerar la poda lo hace muy popular en jardines como seto o elemento escultural. Para los niños resultan especialmente atractivos los aritos rojos y gelatinosos que envuelven la semilla, que son, afortunadamente, la única parte no tóxica. Todo lo demás contiene el potente alcaloide taxina. El consumo de 50 agujas de tejo ya se considera potencialmente mortal.

Las intoxicaciones en personas son poco habituales, aunque más frecuentes en animales de granja como bovinos y équidos. Existen testimonios de que incluso el simple contacto con cortes o agujas trituradas puede provocar síntomas leves. Aproximadamente una hora después de la ingesta aparecen vómitos, diarrea, mareos, convulsiones, dilatación pupilar y pérdida de consciencia. Los labios se vuelven rojizos en los minutos siguientes. La frecuencia cardíaca asciende bruscamente para luego caer en picado. La muerte por insuficiencia cardíaca puede sobrevenir en unos 90 minutos.

Ricino (Ricinus communis)

Esta planta originaria de África aparece entre nosotros principalmente como ornamental. Fue introducida por su atractivo follaje, la forma de sus hojas y sus llamativas infrutescencias. Los tallos son completamente de color pardo rojizo, las hojas verde azuladas con forma palmeada pueden alcanzar un metro de diámetro. Las infrutescencias femeninas, intensamente rojas, esféricas y cubiertas de protuberancias bristosas, se disponen en la parte superior, mientras que las flores masculinas más pequeñas, con sus estambres amarillos, quedan por debajo.

El ricino florece de julio a septiembre y produce entonces semillas en las flores femeninas. Estas contienen la proteína altamente tóxica ricina, que se considera letal a partir de 25 miligramos (equivalente a una semilla). Al igual que con la belladona, el sabor agradable de las semillas es especialmente traicionero, ya que no genera rechazo. Los síntomas incluyen vómitos, calambres y diarreas, además de mareos, inflamación renal y aglutinación de glóbulos rojos, lo que puede desencadenar trombosis. La muerte puede sobrevenir aproximadamente dos días después de la ingesta.

Lirio de los valles (Convallaria majalis)

Esta robusta planta primaveral de unos 30 centímetros de altura se aprecia mucho como ornamental gracias a sus delicadas flores blancas. El lirio de los valles crece de forma natural en toda la geografía española y prefiere bosques caducifolios y mixtos. El peligro que entraña radica, como ocurre con el cólquico, en su confusión con el ajo de oso, junto al que crece con frecuencia. Por ello es imprescindible saber distinguirlos. Esta planta florece de abril a junio y produce entre julio y septiembre pequeñas bayas rojas de unos cinco milímetros de diámetro.

Toda la planta es tóxica y contiene un amplio cóctel de glucósidos. Sus componentes principales son la convalatoxolina, la convalatoxina, el convallósido y el desglucoqueirotoxin. En caso de intoxicación, que ocurre ocasionalmente durante la temporada del ajo de oso, aparecen vómitos, diarreas y calambres, seguidos de mareos, alteraciones visuales, somnolencia y poliuria intensa. En su conjunto, los venenos ejercen un efecto muy intenso sobre el corazón, provocando arritmias, fluctuaciones de la presión arterial y, en casos extremos, insuficiencia cardíaca.

Acónito o Matalobos (Aconitum napellus)

El acónito crece principalmente en regiones montañosas boscosas, prados húmedos y orillas de arroyos. Sin embargo, también se encuentra en muchos jardines ornamentales por su efecto decorativo. Debe su nombre a la forma de sus flores, que con algo de imaginación recuerdan a cascos de gladiadores o caballeros medievales. Sus nombres populares antiguos, como «matacabras» o «estrangulador», dejan bien claro que es mejor no acercarse a esta planta. Y no es para menos: el acónito es la planta más venenosa de todo el territorio europeo.

Solo dos a cuatro gramos del tubérculo constituyen ya una dosis letal. No es posible señalar un único principio activo, porque el acónito contiene un cóctel completo de alcaloides diterpénicos tóxicos: aconitina, benzoilnaponina, liaconitin, hipaconitin y neopelina, entre otros. Especialmente peligrosa es la aconitina, ya que es un veneno de contacto que puede absorberse a través de la piel y las mucosas. Hay casos documentados de jardineros aficionados que desarrollaron síntomas leves —entumecimiento cutáneo y palpitaciones— simplemente por tocar el tubérculo radicular. Cuando se alcanza una dosis letal, la muerte suele producirse en menos de tres horas por parálisis respiratoria e insuficiencia cardíaca.

Author

  • Ignacia Antonia es una creadora digital chilena que comparte contenido sobre lifestyle, tendencias y momentos de la vida cotidiana. Sus publicaciones destacan por un estilo moderno, cercano y enfocado en la inspiración diaria.

Scroll to Top