Trastornos alimentarios: más de 4.000 muertes al año y crece la autolesión

Autolesión en 6 de cada 10 casos

Más de 3 millones de personas sufren TCA, los Trastornos de la Conducta Alimentaria, que constituyen la segunda causa de muerte en Italia con más de 4.000 víctimas al año, solo por detrás de los accidentes de tráfico. Estas cifras definen lo que la psiquiatra Laura Dalla Ragione denomina «una epidemia silenciosa»: un fenómeno que no solo va en aumento, sino que se extiende a nuevas franjas de edad y donde cada vez más hombres figuran entre los afectados. Sin embargo, lo que genera mayor alarma es la autolesión que frecuentemente acompaña a estos trastornos.

«Los trastornos alimentarios van acompañados de autolesión en el 60% de los casos», explica Dalla Ragione, psiquiatra y psicoterapeuta, directora de la Red para los trastornos de la conducta alimentaria de la USL 1 de Umbría y responsable del número verde nacional sobre trastornos alimentarios. La especialista ha publicado recientemente un nuevo libro —“Attacco al corpo. Ferite e mutamenti in adolescenza”, escrito junto a Renata Nacinovich— en el que centra la atención precisamente en la autolesión que con frecuencia aparece junto a los trastornos de la conducta alimentaria.

Aumenta el “cutting superficial”

Entre los pacientes con TCA —es decir, con Anorexia, Bulimia y Trastorno por Atracón— la forma más extendida es el llamado “cutting superficial”. En la mayoría de los casos se trata de chicas de entre 13 y 16 años que se cortan, se provocan heridas y quemaduras.

Dalla Ragione lo describe como «un ataque al cuerpo que se suma al ayuno en la anorexia, a los métodos compensatorios como el vómito autoinducido en la bulimia, o a los atracones extremos del Trastorno por Atracón». Una realidad perturbadora que pone de manifiesto la profundidad del malestar emocional que subyace a estos cuadros clínicos.

Por qué se hacen cortes

La extensión de este comportamiento resulta inquietante, aunque la experta matiza algo fundamental: «Al contrario de lo que se podría pensar, hacerse cortes no tiene nada que ver con el suicidio. Es más bien un intento de liberarse de un dolor psíquico a través de un dolor físico».

Ante la imposibilidad de reducir la angustia interior, muchos jóvenes con TCA buscan transformarla en una forma de dolor más manejable y controlable. De este modo, todas aquellas emociones que no encuentran palabras se expresan a través de la herida: se vuelven tratables, casi curables, al menos por un tiempo. «Así, el dolor, cuando no encuentra un hogar, se convierte en síntoma», concluye Dalla Ragione.

Trastornos alimentarios: una epidemia silenciosa y en expansión

Con la proximidad del Día Mundial de los Trastornos de la Alimentación —que se celebra el 2 de junio— las cifras del fenómeno obligan a una reflexión urgente. Solo en Italia, más de tres millones de personas están afectadas. Dalla Ragione no duda en hablar de epidemia: «El cuerpo se ha convertido en un escenario del malestar, no solo en la adolescencia, sino en todas las etapas de la vida».

Algunos factores han acelerado esta expansión, como el uso de las plataformas sociales, donde los temas dominantes son la comida —la palabra food encabeza todos los motores de búsqueda— y, sobre todo, la imagen corporal. La imagen que devuelve la red es cada vez más irreal y, en la comparación con el cuerpo real —siempre perdedora—, se convierte para millones de adolescentes en fuente de insatisfacción y frustración.

Cada vez más hombres con TCA

Durante mucho tiempo, los TCA se consideraron trastornos casi exclusivamente femeninos. Hoy, sin embargo, el número de hombres afectados no deja de crecer: ya representan el 20% de los casos. Con frecuencia adoptan la forma de vigorexia, una búsqueda obsesiva de musculatura y físico imponente, alimentada por influencers y redes sociales que proponen modelos irreales, en muchos casos generados por inteligencia artificial.

«Existe una verdadera obsesión por percibir el cuerpo como eternamente poco tonificado y flácido, incluso cuando ya está esculpido tras horas y horas de agotadores entrenamientos», advierte la especialista. El deporte puede entrañar factores de riesgo, especialmente para los hombres en el entorno de los gimnasios, donde a menudo se recomiendan dietas extremas, anabolizantes y esteroides.

TCA desde la infancia hasta la edad adulta

Los más jóvenes están especialmente afectados por los Trastornos Selectivos de la Alimentación (ARFID) y por el Trastorno por Atracón, con la influencia de los food influencers y los fit influencers como factor determinante. Pero la franja de edad se amplía en ambos extremos.

«Estamos viendo niñas de 8 o 9 años y personas que enferman por primera vez a los 40 o 50 años —señala Dalla Ragione—. El cuerpo se ha convertido en una página en blanco donde se pueden escribir los sufrimientos a cualquier edad». En el caso de los niños, suele ser una forma de expresar un trauma, como una situación de acoso escolar o una tensión familiar.

Síntoma de otras frustraciones y malestares

«En otras épocas, situaciones de este tipo habrían derivado en una depresión infantil; hoy se transforman en trastorno alimentario», explica la psiquiatra. En los adultos, en cambio, predomina el miedo a un cuerpo que cambia y que no es aceptado, junto a la frustración de no responder a modelos culturales que exigen rendimiento en cada momento de la vida.

Lo que más preocupa es precisamente la amplitud de la franja de edad afectada: «El TCA indica que es un sufrimiento que ha penetrado en toda nuestra sociedad: son nuevas formas de depresión, que pueden asociarse a otras patologías, como la autolesión, los trastornos de personalidad o los trastornos obsesivos, lo que los hace más complejos de tratar», aclara la especialista.

Un problema sanitario, pero faltan recursos

Todo ello se convierte también en un serio problema de salud pública. Sin embargo, el censo del Instituto Superior de Sanidad italiano revela que las estructuras asistenciales activas en el país son insuficientes. «El mapa señala 158 centros, que parecen muchos, pero en realidad están distribuidos de forma muy desigual: la mitad de las regiones italianas carece de una red asistencial completa y algunas no disponen de nada».

Esta situación provoca retrasos en el diagnóstico y en el tratamiento, con consecuencias frecuentemente muy graves. «En 2025, en Italia han muerto 4.567 personas con TCA; la mayoría podría haberse salvado si hubiera llegado a tiempo a los tratamientos, que hoy son muy eficaces y ofrecen resultados excelentes», concluye Dalla Ragione. Y añade un mensaje de esperanza: «Son patologías de las que se puede curar completamente, pero es imprescindible acudir a centros especializados».

Author

  • Ignacia Antonia es una creadora digital chilena que comparte contenido sobre lifestyle, tendencias y momentos de la vida cotidiana. Sus publicaciones destacan por un estilo moderno, cercano y enfocado en la inspiración diaria.

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