Marilyn, más allá de cualquier tendencia
Los diamantes son los mejores amigos de una chica, pero los vestidos son, sin duda, su uniforme. Estamos convencidos de que Norma Jeane Mortenson pensaba exactamente lo mismo, ella que pasó gran parte de su breve existencia —desapareció en 1962 a los 36 años— bajo los deslumbrantes ropajes de Marilyn Monroe. La diva de las divas nació hace exactamente un siglo, el 1 de junio de 1926, y sigue siendo —y lo será para siempre— una fuente inagotable de inspiración estética para el mundo de la moda.
Lo curioso es que nunca fue una apasionada de la moda y que, a diferencia de Audrey Hepburn, jamás vinculó su nombre a un diseñador concreto. Aun así, la bombshell por excelencia continúa fascinando generaciones enteras, en gran parte gracias a un guardarropa verdaderamente inolvidable: prendas que hicieron historia en el cine y looks lucidos en las alfombras rojas, con un estilo que trasciende modas pasajeras para imponerse, década tras década, en su esencia más pura.
Marilyn Monroe abrazó la feminidad de manera absoluta, vistiendo ceñidos vestidos de silueta reloj de arena, colores intensos y escotes atrevidos. Definió el estilo pin-up de los años cincuenta y conquistó portadas de periódicos que la consagraron como la estrella más seductora y audaz del cine. Muchos momentos de su carrera dejaron una huella imborrable en la moda, gracias especialmente a su estrecha colaboración con el célebre figurinista William Travilla. Entre ellos destacan el famoso vestido rosa palo con guantes de ópera de Los caballeros las prefieren rubias o el vestido blanco con escote halter de La tentación vive arriba, probablemente la imagen por la que es más reconocida en todo el mundo.
Sus looks off duty también dejaron una marca duradera. Marilyn nunca se dejó arrastrar por las tendencias del momento, apostando en cambio por un guardarropa clásico y minimalista centrado en pantalones capri, blusas con escote barco, abrigos largos y elegantes vestidos de tubo.
La única excepción a su estilo sobrio y contenido fueron los estampados llenos de color de Emilio Pucci, una firma que amaba tanto que fue enterrada con un vestido color menta de la misma maison. Su natural facilidad para pasar de un look espectacular a un conjunto casual en vaqueros sigue siendo la dualidad estilística que convierte el estilo de Marilyn Monroe en un tema de conversación atemporal.
Para honrarla una y otra vez, a continuación repasamos 10 vestidos icónicos de la diva y las historias que se esconden detrás de cada uno de esos looks que siguen enamorando a todas. Porque, en su caso, no solo los hombres, sino también las mujeres prefieren a las rubias.
Vestido blanco plisado
Quien quiera disfrazarse de Marilyn en Halloween sabe perfectamente que tendrá que reproducir el memorable vestido marfil de georgette que se eleva sobre la rejilla del metro en La tentación vive arriba, de 1955. Un diseño de cóctel con escote halter, entre los más populares del mundo, creado por el diseñador y figurinista William Travilla. El silly little dress —«ese vestidito sin importancia», como lo definió su propio creador— encarnaba a la perfección la delicada mezcla de inocencia y seducción que emanaba Monroe, y desde entonces se ha convertido en sinónimo de la propia estrella.
Este icónico modelo es una de las poquísimas prendas en la historia que cuenta con una página de Wikipedia propia, tal ha sido su enorme influencia sobre la sociedad y la cultura popular a escala global.
Vestido violeta con lentejuelas
En enero de 1954, durante su luna de miel en Japón tras casarse con Joe DiMaggio, Marilyn hizo una pausa para viajar a Corea, donde un año antes había estallado la guerra. Para entretener a las tropas, la actriz lució este vestido icónico de silueta ceñida al cuerpo, completamente cubierto de lentejuelas en un intenso violeta. Las imágenes de la actriz animando a los soldados se convirtieron para muchos en un símbolo de belleza y esperanza.
Vestido en lamé dorado
Marilyn deslumbró literalmente envuelta en este vestido de lamé dorado plisado y con un pronunciado escote. Se trata de otro diseño que Travilla creó para la diva para la película de 1953 Los caballeros las prefieren rubias, en la que la actriz lo luce apenas unos segundos en pantalla. Tanto le gustó que la propia Marilyn pidió permiso para volvérselo a poner en los Photoplay Awards de 1953. Travilla se negó, considerando el diseño demasiado sexy y llamativo para la vida real, pero la actriz obtuvo el visto bueno del jefe de la 20th Century Fox.
Joan Crawford calificó aquel vestido de vulgar, pero la superstar rubia acaparó todas las portadas de los periódicos al día siguiente.
El vestido del cumpleaños
Uno de los últimos grandes looks icónicos de Marilyn Monroe es el vestido de Jean Louis que lució para cantar el Happy Birthday al entonces presidente John F. Kennedy en el Madison Square Garden. La prenda estaba confeccionada en un tejido transparente color carne que centelleaba gracias a cientos de lentejuelas cosidas a mano. Diseñado por Bob Mackie para Jean Louis, se conserva actualmente en el museo Ripley’s Believe It or Not de Orlando, Florida. Kim Kardashian fue en 2022 la primera persona en llevarlo puesto después de Marilyn, con motivo de la gala Met de ese mismo año.
Vestido rosa
Otro look absolutamente icónico es este vestido rosa fucsia con bustier y un enorme lazo en la espalda, utilizado para interpretar el célebre número Diamonds Are a Girl’s Best Friend en Los caballeros las prefieren rubias. Madonna rindió homenaje a este look en el videoclip de Material Girl en 1984, mientras que Kylie Jenner lo recreó para Halloween en 2019. Margot Robbie lució una versión en body en Birds of Prey en 2020, y Ryan Gosling lo homenajeó con su actuación de I’m Just Ken en los Oscar de 2024.
Vestido de estilo western
En el thriller western Río sin retorno, interpretando a una cantante de saloon de buen corazón, Marilyn Monroe tuvo la ocasión de lucir otros deslumbrantes vestidos salidos de la imaginación de William Travilla. El vestuario de la película, repleto de elegantes looks de saloon, fue una auténtica lección de diseño que llevó al límite las posibilidades de la moda western. Un ejemplo perfecto de ello es este vestido con corsé de terciopelo verde, bordados negros y enagua de crinolina roja con volantes. Absolutamente impresionante.
El vestido de saco de patatas
Tras las críticas de un periodista que desaprobó un sensual vestido rojo que Marilyn Monroe había llevado —llegando a afirmar que hasta un saco de patatas le quedaría mejor—, la productora de la diva, la Twentieth Century Fox, aprovechó la publicidad negativa y organizó una sesión fotográfica en la que la actriz lucía exactamente eso: un saco de patatas. Era la demostración definitiva de que la actriz resplandecería sin importar lo que vistiese.
Una idea que posteriormente recogieron en pasarela firmas como Dolce & Gabbana y Moschino.
Vestido de raso y estola
Marilyn lució este vestido sin tirantes de raso blanco, combinado con guantes y una estola de piel, en la alfombra roja de la película Hay que casarse con el jefe de 1954. Aunque se sabe poco del diseñador, la prenda guardaba una gran similitud en su silueta con el vestido rosa que la actriz utilizó para cantar Diamonds Are a Girl’s Best Friend. Adelantada a su tiempo, la diva fue toda una pionera de la moda sostenible: ya había lucido el mismo look en 1953 en el estreno hollywoodiense de Call Me Madam.
Vestido burgundy
La actriz consolidó su fama con el aclamado papel en la comedia Cómo casarse con un millonario, en la que lució una infinidad de impresionantes vestidos confeccionados a medida por el figurinista William Travilla. Uno de los más memorables del filme es este vestido drapeado de seda, realzado por un cinturón de cuentas y un tirante asimétrico, que Marilyn Monroe llevó con una seguridad que ya era marca de la casa. La prenda fue subastada por 57.000 dólares.
Vaqueros y camisa
Marilyn Monroe fue una de las primeras mujeres y estrellas de Hollywood en demostrar el atractivo de los vaqueros, en parte gracias al par de Levi’s que lució en Los inadaptados de 1961. Un look casual, creado de nuevo por Jean Louis, compuesto por pantalón denim y camisa blanca, junto a una chaqueta vaquera de Lee —un modelo lanzado en 1933 con forro de manta y cuello de pana— que artistas de la talla de Paul Newman y Kirk Douglas solían ponerse.
Sencilla, segura de sí misma, moderna: este look extraordinariamente cool pero alejado de brillos y lentejuelas era el que la diva repetiría en numerosas ocasiones fuera de la pantalla. Es precisamente este conjunto el que revela su auténtico sentido del estilo puro, muy por encima de cualquier amor superficial por la moda.









