Cultivar calabacines: 3 errores que se cometen con frecuencia

Introducción

El calabacín es una de esas hortalizas que no pueden faltar en ningún huerto casero. Sin embargo, para disfrutar de una cosecha abundante durante todo el verano, conviene conocer de antemano los errores más habituales que se cometen al cultivarlos.

Una planta madre vigorosa es capaz de producir hasta cinco calabacines por semana. Eso sí, solo ocurrirá si la planta cuenta con las condiciones de crecimiento adecuadas y recibe los cuidados necesarios. Evita estos tres fallos y tendrás el camino despejado hacia una cosecha espléndida.

1. Falta de nutrientes en los calabacines

El calabacín es una planta con un apetito voraz. Su crecimiento tan rápido y su elevada producción de frutos exigen un aporte constante y generoso de nutrientes. Desde el primer momento, cuando estás preparando el bancal, debes incorporar abundante compost a la tierra de plantación.

Pero el trabajo no termina ahí. A lo largo de todo el ciclo vegetativo, la planta necesita recargas periódicas de nutrientes. El abono orgánico, ya sea en forma de compost maduro o de purín de ortiga, es la opción más adecuada para mantener su energía. Cuando los calabacines sufren carencias nutricionales, tienden a producir principalmente flores masculinas. Sin flores femeninas, la fecundación no se produce y la planta no llega a dar frutos. Así que, además de elegir un lugar soleado, asegúrate de abonar de forma regular.

2. Riego insuficiente

Igual que necesita energía, el calabacín demanda también una gran cantidad de agua. Y tiene sentido: esta hortaliza tan saludable y baja en calorías está compuesta en más de un 90% de agua. Además, al estar en un lugar soleado, la planta pierde mucha humedad a través de sus grandes hojas.

Una planta adulta bien desarrollada requiere riego tanto por la mañana como por la noche durante los días más calurosos del verano. Si padece estrés hídrico, los frutos resultantes serán pequeños, deformes y con un sabor amargo, lo que los hace completamente inútiles en la cocina. Por si fuera poco, la falta de agua también favorece la aparición del oídio, una enfermedad fúngica muy común en estas plantas.

3. Los calabacines crecen demasiado

¿A quién no le ha pasado? Revisas el huerto cada día y, aun así, siempre hay un calabacín escondido bajo el follaje que se ha escapado de tu vista. Cuando por fin lo encuentras, tiene un tamaño descomunal. Los calabacines pertenecen botánicamente a la familia de las cucurbitáceas (Cucurbitaceae) y, al igual que sus parientes las calabazas, pueden alcanzar proporciones enormes si simplemente los dejas crecer sin intervenir.

Lo cierto es que, como ocurre con muchas hortalizas de alto contenido en agua, más grande no significa mejor. Lo ideal es cosechar los calabacines cuando alcanzan entre 10 y 15 centímetros. En ese momento, la pulpa es tierna, firme y aromática, y los frutos se conservan bien en el frigorífico durante varios días.

Cuando los calabacines permanecen demasiado tiempo en la planta y se vuelven muy grandes, la pulpa interior se seca y adquiere una textura esponjosa y poco apetecible. Aún se pueden comer, pero su calidad deja mucho que desear. Eso sí, los ejemplares de gran tamaño todavía sirven para rellenar o preparar salsas. Lo que no conviene es intentar conservarlos durante mucho tiempo una vez que han superado el tamaño óptimo.

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  • Ignacia Antonia es una creadora digital chilena que comparte contenido sobre lifestyle, tendencias y momentos de la vida cotidiana. Sus publicaciones destacan por un estilo moderno, cercano y enfocado en la inspiración diaria.

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