Por qué conviene conocer las estrategias de las malas hierbas
Todo el mundo conoce el dicho de que las malas hierbas nunca mueren. Y es cierto. Sin embargo, existen algunas técnicas que permiten mantener esas plantas indeseadas bajo control en el jardín.
Una mala hierba es, tal como indica el propio concepto, cualquier planta que crece donde no se la quiere. Se convierte en un problema porque compite con los cultivos deseados por los nutrientes y el agua, llegando incluso a asfixiarlos. La correhuela, por ejemplo, puede envolver a otras plantas de tal manera que acaba matándolas. Eliminar ciertas malas hierbas es, por tanto, imprescindible. Y cuanto mejor se conocen sus estrategias de supervivencia, más eficaz resulta la labor.
Consejo 1: Arrancar las malas hierbas de raíz con cuidado
Con las malas hierbas de raíz hay que tomarse el dicho de “atacar el mal de raíz” completamente en serio. La grama (Elymus repens), la correhuela (Convolvulus arvensis) o el podagraria (Aegopodium podagraria) se encuentran entre los ejemplares más problemáticos, ya que cualquier fragmento olvidado de su raíz vuelve a brotar.
Estas plantas deben extraerse junto con todos sus estolones subterráneos. Lo más recomendable es utilizar una horca de jardín. En el caso del podagraria, también resulta útil una azada de tres dientes, con la que se puede acceder bajo el amplio sistema radicular y seguir los estolones hasta las capas más profundas del suelo.
El diente de león (Taraxacum officinale), en cambio, desarrolla una raíz pivotante profunda que se extrae mejor con un escardador. El ranúnculo rastrero (Ranunculus repens) posee un sistema de raíces que puede alcanzar los 50 centímetros de profundidad. Sus órganos de propagación más peligrosos se localizan en los nudos de la base foliar, así que al arrancarlo hay que asegurarse de eliminar bien los estolones vitales.
Por cierto, el ranúnculo rastrero, como muchas otras malas hierbas, es tóxico. Se recomienda usar guantes al escardar, ya que sus componentes pueden provocar irritaciones cutáneas, especialmente en personas con piel sensible.
Consejo 2: Eliminar las malas hierbas de semilla antes de que granen
El mastuerzo piloso (Cardamine hirsuta), la pamplina (Stellaria media) o el hierba cana (Senecio vulgaris), por ejemplo, producen semillas muy rápidamente tras la floración y se dispersan en grandes cantidades. La clave está en anticiparse a su ciclo de vida.
El escardado regular con azada es la mejor manera de mantenerlas a raya. Para las malas hierbas de semilla basta con una azada de jardín convencional. Después de una lluvia, cuando el suelo está húmedo, se arrancan con mucha más facilidad.
Consejo 3: Eliminar las malas hierbas de manera concienzuda
Antes de preparar un nuevo arriate, es fundamental limpiar la zona de malas hierbas con meticulosidad. Si el suelo está muy invadido, se puede cubrir el área con lámina negra durante un período prolongado. Este método se aplica, por ejemplo, contra el podagraria o cuando el terreno está colonizado por cola de caballo de campo.
Conviene recordar que las malas hierbas también funcionan como plantas indicadoras. Un suelo compactado puede necesitar más que una sola ronda de escardado y requerir una mejora profunda antes de ser cultivado. En cualquier caso, escardar con eficacia significa ser constante. Especialmente en primavera y otoño, cuando tras un verano seco llegan las primeras lluvias y se produce un segundo impulso de crecimiento, hay que volver a pasar la azada y el escardador con regularidad.
Escardar con regularidad es una de las medidas más efectivas para mantener el jardín libre de malas hierbas.
Consejo 4: No todas las malas hierbas van al compostador
Las malas hierbas de raíz no deben eliminarse nunca a través del compostador. Al igual que ocurre en la tierra, cualquier fragmento de raíz puede originar una nueva planta. Si se extiende el compost resultante, se estarán reintroduciendo esas raíces en el jardín sin darse cuenta.
Algo similar ocurre con las malas hierbas de semilla en fase avanzada. Incluso si todavía están en flor, algunas especies pueden madurar sus semillas ya dentro del montón de compost. Esas semillas quedarán entonces en la tierra del compost y germinarán a la primera oportunidad.
La situación es diferente con el compost comercial o el procedente de puntos de reciclaje. Estos se tratan a altas temperaturas durante el proceso de elaboración, lo que elimina tanto las raíces como las semillas de las malas hierbas.
Las malas hierbas de raíz deben desecharse en la basura convencional. Las de semilla solo pueden ir al compostador si están todavía verdes y sin flores. En el huerto, las malas hierbas recién escardadas pueden dejarse directamente sobre el arriate como acolchado. Eso sí, hay que asegurarse de que las rosetas arrancadas no recuperen el contacto con el suelo y vuelvan a echar raíces. Lo ideal es escardar en un día seco: al sol, las plantas arrancadas se marchitan rápidamente y no pueden causar más daño.
Consejo 5: De la horca al plato
Muchas malas hierbas son comestibles y constituyen una excelente verdura silvestre. Los brotes frescos del podagraria o los tiernos retoños de ortiga se pueden usar directamente para preparar una quiche.
Si en primavera tienes pensado arrancar un diente de león, prueba a cubrirlo antes con un recipiente opaco durante unos días. Al crecer sin luz, sus hojas se vuelven más tiernas y amarillas, y resultan todavía más sabrosas en ensalada.








