La buganvilla: la reina del sur que puede adornar tu terraza
La buganvilla es, sin duda, uno de los arbustos trepadores más espectaculares que existen. Ese ambiente veraniego y mediterráneo que tanto echamos de menos cuando volvemos de las vacaciones se puede recrear en el balcón o la terraza con esta planta. Eso sí, hay algo curioso que pocos saben: lo que hace tan llamativa a la buganvilla no son sus flores propiamente dichas, sino unas brácteas de colores, igual que ocurre con la flor de Pascua. Para conseguir ese despliegue de color, conviene conocer algunos aspectos clave.
La buganvilla solo florece bien en una ubicación completamente soleada
Esta planta es una auténtica adoradora del sol y el calor. Durante la temporada estival, busca siempre el rincón más luminoso disponible. Los emplazamientos ideales son junto a muros orientados al sur o, mejor aún, entre paredes que acumulen calor, como bajo una pérgola o cubierta de terraza donde el ambiente se caldee bien.
Para la buganvilla, no existe algo como demasiado calor o demasiado sol. Cuanto más bochorno, mejor se sentirá.
Para una floración abundante, necesita mucha agua
La buganvilla comparte algo con el adelfa: le encanta tener la cabeza al sol, pero sus raíces necesitan un sustrato húmedo de manera constante. En pleno verano, durante las olas de calor, puede ser necesario regar la planta en maceta varias veces al día. El agua se evapora con rapidez en los recipientes y, si no se repone, la floración se resiente.
Una buena estrategia es regar también a través del plato inferior. Basta con mirar si queda agua en él para saber si la planta tiene sed o no. Si hay agua estancada, se espera antes de volver a regar, porque la buganvilla no tolera el encharcamiento.
Cuanto más sana esté la planta, más espectacular será su floración
La vitalidad de la buganvilla influye no solo en la cantidad de flores, sino también en la intensidad de su color. Una planta bien cuidada luce tonos mucho más vibrantes. Utiliza un abono rico en potasio para estimular la formación de flores, aplicándolo mensualmente desde el inicio del brote hasta el final de la temporada de floración.
A partir de finales de agosto, conviene detener la fertilización para que la planta pueda prepararse progresivamente para el período de invernada.
La invernada correcta determina si habrá flores el año siguiente
Que la buganvilla vuelva a florecer con fuerza la próxima temporada depende, en gran medida, de cómo se hiberne. El lugar de invernada debe estar libre de heladas, idealmente en torno a los diez grados Celsius, y con la mayor luminosidad posible.
Un jardín de invierno fresco o un pasillo de entrada iluminado son mejores opciones que un sótano oscuro. Antes de las primeras heladas, generalmente a principios de noviembre, se mete la maceta en el interior y se deja que el sustrato se seque por completo. Cuando caen las hojas, se poda el arbusto con energía.
Un consejo extra sobre la poda: recortar los brotes largos entre dos oleadas de floración durante el verano estimula la aparición de nuevas flores. La buganvilla florece mucho mejor en brotes cortos y jóvenes que en ramas viejas y largas.
Al inicio de la nueva temporada de crecimiento, se retoma el riego de forma gradual. Curiosamente, las noches frescas favorecen la floración. Por eso, lo mejor es sacar la buganvilla al exterior lo antes posible, normalmente a principios o mediados de abril, siempre que no haya riesgo de heladas tardías.
Trasplantar con mucho cuidado para no perder la floración
La buganvilla necesita raíces sanas para sostener toda su floración. El problema es que sus raíces son muy delicadas: no forman un cepellón compacto y se rompen con facilidad. Al trasplantar, aproximadamente cada dos años en marzo, hay que actuar con sumo cuidado.
Nunca hay que tirar de la planta para sacarla del tiesto. Como sustrato, cualquier tierra para plantas de maceta que sea suelta y permeable resultará perfectamente adecuada.








