Padres mayores solos: la mitad de quienes se van de vacaciones piensa en ellos cada día

Marcharse de vacaciones cuando tienes padres mayores que necesitan cuidados no es tarea fácil. Y aunque consigas encontrar a alguien que se ocupe de ellos durante tu ausencia, la inquietud no desaparece. Es más, puede intensificarse: según una encuesta reciente, el 51,8% de los cuidadores mantiene esa preocupación de forma constante mientras disfruta de sus vacaciones.

De vacaciones, pero con los padres en la cabeza

Casi dos de cada tres personas con familiares mayores que viven solos (67,5%) experimenta regularmente el miedo a que les ocurra algo malo. En el 43,5% de los casos ese temor reaparece cada semana, pero para una cuarta parte de los encuestados (24%) se trata de una preocupación diaria. Los datos, publicados en vísperas del Día Mundial de los Padres (1 de junio), proceden de una encuesta realizada por Sector Alarm en colaboración con AstraRicerche. El estudio refleja cómo los italianos afrontan la soledad de sus familiares mayores, aunque quizás sería más preciso hablar de “italianas”: el cuidado de los progenitores sigue recayendo de forma mayoritaria sobre las hijas.

Una preocupación que no descansa

Lo que más angustia es la salud de los padres, que con el paso del tiempo requieren cada vez más ayuda, ya sea por la edad avanzada o por enfermedades que van mermando su autonomía y bienestar general. Es cierto que hoy existen dispositivos electrónicos —incluso wearables para personas mayores— capaces de alertar ante una emergencia, y que las videollamadas facilitan el contacto. Pero, como señala Loredana Ligabue, secretaria de CARER, Asociación de Cuidadores Familiares ETS, «el principal reto no es técnico, sino organizativo y cultural».

La tecnología por sí sola no basta para tranquilizarse

«Las tecnologías existen —aclara Ligabue—, pero solo son útiles si se integran en un sistema capaz de articular el ámbito sanitario, el social, el territorial y el familiar. Hoy tenemos muchas herramientas, pero pocos ecosistemas reales». Las primeras dificultades surgen precisamente del tipo de vínculo entre el cuidador y la persona asistida cuando se trata de una relación familiar: «El apego afectivo conlleva niveles muy elevados de estrés, ansiedad e inquietud. Los datos lo confirman: los cuidadores familiares padecen con frecuencia estrés crónico, alimentado por una preocupación constante y de fondo que se agudiza cuando no están o no pueden estar físicamente presentes», explica Ligabue.

El miedo a delegar el cuidado

«El primer paso para que el cuidador familiar pueda tomarse un descanso —merecido— es lograr un “traspaso de responsabilidad” a otra persona que se haga cargo temporalmente de su ser querido. Incluso cuando se encuentra a alguien de confianza, persiste el temor de que esa persona no sepa respetar los hábitos del familiar o no detecte las señales de alerta. Es algo en lo que hay que trabajar desde el punto de vista formativo, porque es fundamental que el cuidador también tenga pausas y momentos de alivio, de lo contrario corre el riesgo de sufrir un agotamiento total. El mensaje es claro: si quieres a quien necesita cuidados, no te olvides también de ti mismo o de ti misma», subraya la secretaria de CARER.

¿Cuáles son las principales preocupaciones?

La salud del padre o de la madre mayor encabeza la lista de inquietudes, aunque su intensidad varía según las circunstancias concretas de cada caso: «La situación general, el tipo de patología y su estadio son variables que influyen enormemente. Hay que tener en cuenta que en edades avanzadas suelen coexistir enfermedades crónico-degenerativas y que las necesidades asistenciales pueden cambiar mucho —explica Ligabue—. A esto se suma la preocupación emocional, junto a la organizativa, especialmente de cara al verano. Aquí es donde marcar la diferencia puede una red de amigos, de familia o de servicios asistenciales, combinada con la tecnología para el seguimiento a distancia».

Darse un respiro no es un acto de egoísmo

A menudo el cuidador siente una resistencia interna a separarse de su familiar, aunque en el fondo reconoce que lo necesita: «Concederse un tiempo de descanso no es egoísmo, sino proteger la propia salud física y mental», insiste Ligabue, quien añade: «Cuando no se puede contar con el relevo de otros familiares, por indisponibilidad o por las condiciones sanitarias de la persona asistida, se hace imprescindible recurrir a una institución o residencia. Pero tanto el cuidador como el familiar en situación de dependencia pueden verse sometidos a una dura prueba: el segundo, por el cambio de entorno y de rutinas; el primero, por la angustia. Por eso muchos llaman continuamente para tener noticias, lo que acaba poniendo en una situación difícil también al personal de los centros asistenciales».

Unos costes cada vez más insostenibles, también en lo económico

Al desgaste emocional se añade el impacto económico, que se convierte en otra fuente de estrés añadido. «Desgraciadamente en Italia se está registrando un aumento de personas que viven en situación de pobreza, en parte por los costes del cuidado. Un ejemplo lo dice todo: en algunos países, como Francia, la deducibilidad fiscal de los gastos de una asistente familiar puede llegar a 20.000 euros anuales; en Italia no se alcanzan los 2.000», señala Ligabue. Otra consecuencia directa es que son las mujeres —una vez más— quienes pagan el precio más alto: «Para las hijas que asumen el rol de cuidadoras, la única salida suele ser abandonar su propio trabajo, con todo lo que eso implica». Un círculo vicioso difícil de romper.

La importancia de construir una red de apoyo

«De ahí la necesidad de crear redes de apoyo en las que poder encontrar otras figuras o servicios: puntos de ayuda psicológica o de selección de asistentes familiares son ejemplos de mecanismos de protección tanto para los cuidadores como para las personas que cuidan», confirma Ligabue. Lamentablemente, la situación en Italia es muy desigual según el territorio. En el distrito de Carpi, por ejemplo, la administración colabora con asociaciones como CARER. «Existe un servicio de sustitución del cuidador, aunque sea solo de cuatro horas a la semana, para ese respiro indispensable que permite salir, descansar o gestionar trámites. Cuando se construye una relación de confianza, incluso es posible tomarse algún fin de semana libre de vez en cuando. Esto beneficia tanto al cuidador como al familiar, pero requiere el compromiso de los administradores locales, con fondos destinados a crear servicios reales al alcance de cuidadores y personas dependientes», concluye Ligabue.

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  • Ignacia Antonia es una creadora digital chilena que comparte contenido sobre lifestyle, tendencias y momentos de la vida cotidiana. Sus publicaciones destacan por un estilo moderno, cercano y enfocado en la inspiración diaria.

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