Esponjas de cocina y microplásticos: qué ocurre durante su uso
Las usamos a diario, casi sin pensar en ello. Sin embargo, las esponjas de cocina, tan habituales en nuestros hogares, dicen mucho sobre nuestros hábitos. Durante los últimos años se han estudiado por su carga bacteriana, pero ahora la mirada se amplía también hacia el impacto ambiental. Un nuevo estudio publicado en Environmental Advances ha analizado qué sucede realmente cuando fregamos los platos: cuánto material se desgasta, cuántos microplásticos acaban en el agua y qué efectos pueden tener. El resultado es más complejo —e interesante— de lo que cabría imaginar.
Cada vez que usas una esponja, aunque no te des cuenta, una pequeña parte del material se va desgastando. Es un proceso inevitable, provocado por la fricción contra las superficies. Cuando la esponja contiene plástico, esa abrasión libera microplásticos, partículas minúsculas invisibles a simple vista.
La investigación confirmó que todas las esponjas analizadas, sin excepción, pierden material durante el uso cotidiano. Y cuando ese material es plástico, entra en el sistema de aguas residuales. Desde ahí puede ser retenido en parte por las plantas depuradoras, aunque no de forma completa.
Los microplásticos están ya ampliamente distribuidos en el medio ambiente y pueden penetrar en nuestro organismo a través del agua, los alimentos o el aire. Los estudios citados por los investigadores apuntan a posibles efectos a nivel celular y sistémico, aunque muchas investigaciones siguen en curso y no son definitivas. Precisamente por ello, hoy la atención se centra cada vez más en las fuentes cotidianas de exposición, incluso las menos evidentes, como los utensilios de cocina.
Cuántos microplásticos liberan las esponjas cada año
Los números ayudan a comprender mejor el fenómeno. Según el estudio, una persona puede liberar entre 0,68 y 4,21 gramos de microplásticos al año simplemente por el uso de esponjas de cocina.
La cantidad varía considerablemente según el tipo de esponja. Las que contienen un porcentaje más elevado de plástico liberan más microplásticos. Por ejemplo, una esponja con aproximadamente el 59% de plástico mostró valores significativamente más altos en comparación con otra que contenía apenas un 16%.
Si se amplía la perspectiva, el impacto se vuelve aún más concreto. Extrapolando estos datos a gran escala, los investigadores estiman que en un país como Alemania podrían generarse hasta cientos de toneladas de microplásticos al año procedentes únicamente de las esponjas. Incluso teniendo en cuenta que alrededor del 90% queda retenido en los sistemas de depuración, una parte termina igualmente en el medio ambiente o en los suelos a través de los lodos residuales.
El impacto ambiental: el papel (sorprendente) del agua
Hay, sin embargo, un dato que cambia completamente la perspectiva. El impacto ambiental de las esponjas de cocina no depende únicamente de los microplásticos. De hecho, según el análisis del ciclo de vida realizado en la investigación, el factor más relevante es otro: el consumo de agua durante el lavado a mano.
Entre el 85% y el 97% del impacto global está vinculado precisamente al uso y tratamiento del agua. Esto incluye la energía necesaria para suministrarla, calentarla y depurarla tras su uso. Los microplásticos, aunque presentes, contribuyen en una medida mucho menor al daño total sobre los ecosistemas.
Es un resultado relevante porque desplaza la atención desde el objeto en sí hacia el comportamiento cotidiano. No es solo qué usamos, sino cómo lo usamos. Una esponja más eficiente, que permita fregar con menos agua, puede tener un impacto menor que una considerada «más sostenible» pero menos eficaz en la práctica.
Esponjas «bio» y alternativas: qué cambia realmente
El estudio comparó distintos tipos de esponjas, incluidas algunas etiquetadas como «orgánicas». Las que presentaban un menor porcentaje de plástico liberaron efectivamente menos microplásticos durante el uso.
Por ejemplo, la esponja con el contenido plástico más bajo registró también la menor liberación de partículas y el menor impacto sobre el ecosistema entre todas las analizadas. Esto sugiere que reducir el componente plástico es una vía eficaz para limitar el problema.
No obstante, los investigadores subrayan que el material no es el único elemento a tener en cuenta. La durabilidad de la esponja y su eficacia limpiando también influyen en el impacto global. Una esponja que dure más tiempo o que requiera menos agua puede compensar otros aspectos menos favorables.
Cómo reducir el impacto de las esponjas de cocina en el día a día
No hace falta cambiar todo de un día para otro. Pero algunas elecciones conscientes pueden marcar la diferencia.
Según lo que se desprende del estudio, puede resultar útil:
- elegir esponjas con una menor cantidad de plástico en su composición;
- limitar el desperdicio de agua al fregar los platos a mano;
- usar las esponjas durante un tiempo adecuado, evitando reemplazarlas demasiado pronto, pero también sin prolongar su uso más allá de lo razonable;
- adoptar un uso más eficiente, reduciendo el tiempo y la cantidad de agua empleada.
Son pequeños gestos que, integrados en la rutina diaria, pueden contribuir a reducir el impacto ambiental de forma significativa.









