Belén y los derrumbes emocionales: algo que le puede pasar a cualquiera

Belén Rodríguez se encuentra bien en estos momentos, pero el hecho de que haya protagonizado dos episodios que acapararon la atención pública en pocas horas confirmaría que la presentadora atraviesa un período especialmente delicado en su vida. Algo que les ocurre a muchas figuras del mundo del espectáculo, quienes deben lidiar con el lado más oscuro de la fama. Y algo que también afecta a personas completamente anónimas, atrapadas en un estrés constante que a menudo desemboca en ansiedad o estados depresivos. Por eso la experta advierte con claridad: «Cualquiera puede ser vulnerable».

Qué le ocurrió a Belén Rodríguez

La noticia de su ingreso en el Policlínico de Milán se propagó por internet y las redes sociales en cuestión de horas. Tras los gritos, la llegada de los servicios de emergencia alertados por vecinos y su hospitalización para realizarle pruebas en código amarillo, la presentadora argentina se encuentra mejor. Tanto el personal sanitario como su familia —encabezados por su hermana Cecilia y su ex marido, Stefano De Martino, que acudieron de inmediato a acompañarla— han tranquilizado a todos sobre su estado. Sin embargo, este episodio, sumado a un accidente de tráfico ocurrido horas antes en las calles de Milán —afortunadamente sin heridos—, confirmaría el difícil momento que atraviesa la presentadora. Aunque no sería el primero.

El estrés laboral no perdona a nadie

La propia Belén había reconocido en el pasado haber atravesado épocas muy duras, marcadas por ataques de pánico e incluso depresión, con la consiguiente pérdida de peso. El pasado noviembre apareció en un escenario durante una entrevista en un estado aparentemente confuso. Fue ella misma quien después explicó que había tomado más tranquilizantes de la cuenta para calmar su ansiedad: «Tomé más de lo debido y me dejaron completamente aturdida», reconoció. Hace apenas dos semanas había vuelto a hablar abiertamente de su propia fragilidad, que ahora habría desembocado en un derrumbe emocional.

Qué es la fragilidad emocional

El caso de Belén vuelve a poner el foco sobre un tema frecuentemente ignorado: la fragilidad emocional. «Es un concepto que describe una fase de vulnerabilidad especialmente intensa en el plano emocional. En estos momentos puede resultar más difícil gestionar el estrés, regular las propias emociones o recuperar el equilibrio tras experiencias que se perciben como intensas o desestabilizadoras. Puede manifestarse de distintas formas: con irritabilidad, llanto frecuente, sensación de agobio, o bien con una sensación de desconexión emocional y dificultad para contactar con lo que uno siente», explica Corena Pezzella, psicoterapeuta y Directora Clínica de Unobravo.

Las figuras públicas bajo presión constante

Según Pezzella, «es importante recordar que esto no afecta únicamente a personas con un historial de sufrimiento psicológico. También situaciones de vida especialmente expuestas, ritmos frenéticos, cambios personales o una presión constante sobre la propia imagen pública pueden deteriorar el bienestar emocional». Una reflexión que quedó confirmada por las palabras de Alba Parietti en respuesta a lo ocurrido con su colega: «La gente suele pensar que el éxito, el dinero, la belleza o la popularidad son suficientes para ser feliz. Pero no es así. Es más, a veces ocurre exactamente lo contrario».

El peso de la mirada ajena

«Cuando vives permanentemente bajo la mirada de los demás, cuando todos te desean, te buscan, te adulan, acabas sin entender quién te quiere de verdad y quién simplemente se siente atraído por lo que representas», añadió Parietti, explicando que «hay momentos en la vida en que incluso las personas aparentemente más fuertes se derrumban. Sucede cuando llegan las desilusiones, las pérdidas, el final de un amor importante, o simplemente cuando uno se siente de pronto más solo, más vulnerable, más cansado». Y concluyó: «Creo que para una mujer que ha vivido durante años en un mundo donde la imagen lo es todo, todo esto puede doler todavía más».

Qué conduce a un derrumbe emocional

Habitualmente el derrumbe, en cualquier persona, se produce por la confluencia de varios factores: «Una acumulación prolongada de estrés, eventos vitales significativos —como separaciones, duelos, cambios de identidad— y una disminución de los recursos personales disponibles para afrontarlos. A esto pueden sumarse factores relacionales, como la falta de apoyo social, o biológicos, como la predisposición individual a la reactividad emocional. En algunos casos, lo que provoca el derrumbe no es un único evento grave, sino una serie de pequeñas tensiones acumuladas a lo largo del tiempo, sin un espacio adecuado para procesarlas», subraya Pezzella.

¿Están las mujeres más expuestas al derrumbe emocional?

Con frecuencia se da por sentado que las mujeres tienen mayor riesgo de sufrir un derrumbe emocional. Sin embargo, la vulnerabilidad masculina también existe, aunque a menudo permanece oculta. «Hay una distinción importante que hacer —señala la psicoterapeuta—. Los datos epidemiológicos muestran una prevalencia más alta de ciertas condiciones en mujeres, como los trastornos de ansiedad o del estado de ánimo. Pero eso no implica necesariamente una mayor fragilidad de base. Puede reflejar simplemente una mayor tendencia a reconocer el malestar y a buscar ayuda, o diferencias en la forma de expresarlo. En los hombres el sufrimiento tiende a manifestarse de formas menos visibles o socialmente menos reconocidas, como el retraimiento, la irritabilidad o conductas de riesgo, lo que hace que el problema se detecte con mucha más frecuencia demasiado tarde».

Cómo se responde ante un derrumbe emocional

Lo fundamental es precisamente detectar las señales de malestar a tiempo, lo que no significa «”resolver” lo que se está viviendo, sino tratar de recuperar gradualmente una condición de mayor estabilidad —apunta Pezzella—. Algunas estrategias pueden ayudar a reducir la intensidad de la respuesta fisiológica al estrés: ralentizar la respiración, alejarse temporalmente de la situación que se percibe como demasiado intensa o reducir los estímulos externos. El contacto con una persona de confianza también puede ser beneficioso, no necesariamente a través del diálogo, sino simplemente por el hecho de no sentirse solo en un momento emocionalmente difícil».

Cuándo se necesita una ayuda mayor

La psicoterapeuta precisa, no obstante, que «estas intervenciones pueden ayudar a contener la intensidad de la experiencia a corto plazo, pero no sustituyen un trabajo más profundo de comprensión de lo que se está viviendo. Cuando episodios de este tipo tienden a repetirse, se vuelven especialmente intensos o afectan al bienestar cotidiano, un proceso psicológico puede ofrecer un espacio para comprender mejor las propias vivencias emocionales». Solo así es posible llegar a gestionar de manera más eficaz el estrés y las emociones.

Por qué cuesta tanto pedir ayuda

Para dar ese paso, no basta con tomar conciencia del problema: también hay que superar el miedo a pedir ayuda, un miedo amplificado por el estigma que aún persiste en torno a la psicoterapia. Pedir ayuda es con frecuencia el paso más difícil, no por falta de conciencia, sino porque exige reconocer que algo no está funcionando como desearíamos. Eso puede activar sentimientos de vergüenza o de inadecuación que, en algunos casos, forman parte del propio problema. Lo que se observa clínicamente es que cuanto antes se inicia un proceso de apoyo, mayor es el margen de trabajo disponible. Esperar a que la situación se vuelva insostenible puede reducir los recursos disponibles. Pedir ayuda no es una señal de debilidad: es un acto de conciencia para cuidar el propio bienestar emocional», concluye Pezzella.

Author

  • Ignacia Antonia es una creadora digital chilena que comparte contenido sobre lifestyle, tendencias y momentos de la vida cotidiana. Sus publicaciones destacan por un estilo moderno, cercano y enfocado en la inspiración diaria.

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