Un estanque de jardín bien diseñado: la clave está en los detalles
Construido correctamente, un estanque de jardín es un enriquecimiento único para cualquier espacio verde, un verdadero paraíso para la fauna y tan fácil de mantener como un arriate de plantas perennes. Sin embargo, cuando se diseña mal, el estanque acaba sepultado bajo gruesas capas de algas y se convierte incluso en una trampa mortal para los animales.
¿Crees que basta con cavar un hoyo y colocar una lámina impermeable? Nada más lejos de la realidad. Desde la fase de planificación hay que tener en cuenta varios aspectos fundamentales. Conoce estos errores y evítalos a toda costa.
Error 1: Elegir una ubicación con demasiado sol
Instalar el estanque en un lugar completamente soleado es uno de los fallos más habituales. Esta opción solo es viable en estanques grandes y, sobre todo, profundos, con más de un metro de profundidad, donde el agua no se calienta tanto. Y es que el agua templada favorece la proliferación de algas y reduce simultáneamente el nivel de oxígeno del estanque.
Cuando el agua se vuelve verde y el oxígeno escasea, la putrefacción no tarda en aparecer. Lo ideal es buscar una ubicación que reciba sombra parcial y cambiante, por ejemplo junto a un edificio o una estructura de protección visual. Un árbol o arbusto como elemento de sombra también es bienvenido, aunque no debe estar demasiado cerca: en otoño, las hojas caídas acabarían cubriendo completamente el estanque.
Error 2: No crear una zona de aguas poco profundas
En verano, erizos sedientos y otros animales acuden al estanque en busca de agua, que a menudo es la única fuente disponible en todo el vecindario. Un estanque con paredes verticales y pronunciadas se convierte entonces en una trampa mortal: los animales caen al agua y no pueden salir.
Por eso, la zona de aguas someras con pendiente suave y plantas palustres es absolutamente imprescindible. Además de servir como vía de escape para la fauna, actúa como playa de baño para las aves. Plantas de marisma de porte vigoroso como los lirios de agua, las espadañas de tamaño reducido o las flores de cisne purifican el agua del estanque absorbiendo el exceso de nutrientes y reteniéndolos en su masa foliar.
Ya sean espadañas o nenúfares, evita plantar formas silvestres invasoras en el estanque. Opta siempre por especies y variedades de menor desarrollo. Con este sencillo criterio, el esfuerzo de mantenimiento se reduce considerablemente y tendrás más tiempo para disfrutar del reflejo del sol en la superficie del agua.
Error 3: Introducir demasiados peces
Para muchos aficionados, los peces ornamentales son parte inseparable del estanque de jardín. Sin embargo, este ecosistema funciona como un sistema cerrado donde el aporte de nutrientes, su degradación y el crecimiento vegetal deben estar en equilibrio. Unos pocos peces no suponen ningún problema, pero no conviene pasarse con la cantidad.
El pienso y las deposiciones de los peces introducen nutrientes de forma continua en el agua, lo que dispara el crecimiento de las algas. Si a eso le sumamos agua caliente, el resultado está garantizado: caldo verde en lugar de agua cristalina. Como densidad óptima de población se recomiendan dos peces dorados por metro cúbico de agua. También se suele citar la referencia de cinco litros de agua por cada centímetro de pez, lo que viene a ser lo mismo dado el tamaño que alcanzan los goldfish.
Con especies autóctonas como el amarguillo, el piscardo o el gardí, la densidad puede ser algo mayor, aunque su colorido no es tan llamativo. Para reducir la carga de nutrientes, resultan muy útiles las plantas flotantes como la aldrovanda o el mordisco de rana, que extraen los nutrientes directamente del agua privándoselos a las algas. Aunque no pueden compensar un exceso de peces, estas plantas no deberían faltar en ningún estanque de jardín.








