El cornejo (Cornus): un arbusto ornamental con mucho que ofrecer
El cornejo (Cornus) es uno de los arbustos ornamentales más apreciados en el jardín. La autóctona cornicabra o cerezo cornelio (Cornus mas) es especialmente popular en jardines naturales como planta nodriza para pájaros. Sus brillantes frutos rojos también son comestibles para las personas, y existen variedades modernas que producen frutos más grandes y abundantes.
De aspecto muy similar es el Cornus officinalis, originario de Japón. Ambas especies abren sus pequeñas flores amarillas ya a principios de primavera, por lo que son muy valoradas como fuente de néctar para las abejas.
La gran familia del cornejo: variedades y características
Algunos cornejos se denominan cornejos floridos y destacan sobre todo por sus llamativas brácteas. Las flores en sí son bastante discretas. El cornejo florido americano (Cornus florida), el Cornus nuttallii y el cornejo florido japonés (Cornus kousa) se cuentan entre los arbustos con mayor espectacularidad floral.
El cornejo tártaro (Cornus alba) y el cornejo sedoso (Cornus serica) llaman la atención en el jardín principalmente por la llamativa coloración de su corteza en invierno. El cornejo pagoda (Cornus controversa) y el cornejo de hojas alternas (Cornus alternifolia) presentan una estructura en pisos y florecen en pleno verano con amplias cimas planas.
Los cornejos autóctonos son plantas sin complicaciones y poco exigentes. Los cornejos floridos, en cambio, requieren algo más de atención en cuanto a ubicación y cuidados. Sea cual sea la variedad, siempre resulta decepcionante cuando la floración no aparece. Las causas pueden ser varias.
Motivo 1: Una ubicación inadecuada
Las brácteas de los cornejos floridos se forman ya en otoño del año anterior. Si el invierno es extremadamente frío, esto puede dar lugar a brácteas más pequeñas y en menor cantidad. Para prevenir daños por heladas, conviene plantar estos arbustos en un lugar protegido del jardín.
Las plantas jóvenes agradecen una cubierta de tela de protección o esterillas de paja, así como una gruesa capa de mantillo en la base. El sol directo del mediodía tampoco les sienta bien. Si el invierno y la primavera son demasiado fríos y oscuros, habrá que esperar al año siguiente para disfrutar de la floración del cornejo.
Los cornejos floridos lucen su impresionante floración en mayo, cuando el jardín cobra vida de nuevo.
Motivo 2: Un suelo inadecuado
Los suelos encharcados perjudican a todos los cornejos sin excepción. Sin embargo, las preferencias en cuanto a la composición del sustrato varían según la especie. Las variedades americanas son especialmente sensibles a suelos pesados con alto contenido en cal, mientras que las especies asiáticas toleran mejor los suelos más arcillosos y ligeramente alcalinos.
Al plantar un cornejo, puede ser conveniente mejorar el sustrato con arena para favorecer el drenaje y reducir el pH añadiendo tierra para rododendros. Una buena nutrición es especialmente importante para los cornejos floridos.
Los cornejos autóctonos como la cornicabra son menos exigentes en cuanto a nutrientes y se sienten muy cómodos en suelos calcáreos. Para cualquier representante del género Cornus, conviene informarse siempre sobre sus preferencias específicas de sustrato antes de plantarlo.
Motivo 3: Un hongo que causa estragos
Existe un hongo que provoca el atrofiamiento tanto de las brácteas como de las hojas del cornejo, afectando sobre todo a los cornejos floridos. Al principio se manifiesta con manchas de color marrón rojizo; más adelante, los brotes comienzan a secarse.
Este hongo inverna en las ramas y se propaga en primavera a través de sus esporas. Al igual que otras enfermedades fúngicas, Discula destructiva, el agente causante de la antracnosis, prospera especialmente con tiempo húmedo. Los cultivadores trabajan en el desarrollo de variedades de Cornus más resistentes a este patógeno.
Ante una infección, lo más recomendable es retirar las hojas enfermas en otoño, podar los brotes dañados y, si es posible, trasplantar el arbusto a una ubicación menos húmeda para intentar salvarlo.








