Una planta para las cuatro estaciones
El amelanchier, conocido también como guillomo o cornijuelo, es uno de esos arbustos que no pasan desapercibidos en ninguna época del año. En primavera despliega abundantes racimos de flores blancas y delicadas; en verano ofrece frutos dulces y jugosos; en otoño regala una espectacular coloración de las hojas, y en invierno su corteza gris plateada mantiene un atractivo innegable.
Tanto en forma de arbusto como de pequeño árbol, el amelanchier encuentra su lugar en cualquier rincón del jardín. Incluso crece sin problemas en macetas y contenedores. En los últimos años ha vuelto a ganar popularidad gracias a sus frutos de color azul oscuro a púrpura, que recuerdan visualmente a los arándanos. Estos frutos silvestres contienen grandes cantidades de calcio, hierro y vitamina C, y pueden utilizarse para mermeladas, compota, licores y pasteles. Y si tú no te los comes, los pájaros los aprovecharán encantados.
Variedades que merece la pena conocer
El amelanchier es una planta enormemente adaptable en cuanto a suelo y ubicación. Soporta tanto el frío invernal como la sequía estival sin mayores problemas. La mayoría de las especies son originarias de América y Asia; en Europa solo existe una especie autóctona, el amelanchier común.
Quienes busquen sobre todo una buena producción de fruta deberían apostar por las variedades de la Amelanchier alnifolia, también llamada saskatoon o arándano canadiense. Las variedades ‘Prince William’ y ‘Saskatoon Berry’ son especialmente recomendables. La variedad ‘Obelisk’ destaca por su porte muy estrecho y columnar. Para quien quiera frutos especialmente grandes, la Felsenbirne ‘Ballerina’ es una opción excelente, ya que además crece de forma bastante esbelta.
Si lo que más importa es el valor ornamental, la Amelanchier lamarckii o amelanchier cobrizo resulta una elección magnífica: su brotación primaveral de tonos cobrizos crea un contraste excepcional con las flores blancas. Por su parte, la Amelanchier ovalis, la única especie verdaderamente europea, ofrece una llamativa coloración otoñal de color rojo escarlata y prospera incluso en ubicaciones extremas. En definitiva, la planta necesita muy pocos cuidados, aunque hay ciertos aspectos que conviene tener presentes.
Consejo 1: Evitar el encharcamiento
El amelanchier no tolera bien ni el encharcamiento ni la compactación del suelo. Si la única ubicación disponible tiene estas características, la solución pasa por mejorar el drenaje añadiendo arena gruesa, grava o humus. Otra opción muy eficaz consiste en plantar el arbusto ligeramente elevado respecto al nivel del suelo, para que el exceso de agua escurra con facilidad.
Consejo 2: Poda moderada
El amelanchier desarrolla su porte más pintoresco y natural cuando se le deja crecer libremente, sin intervenciones frecuentes. Dicho esto, la planta acepta bien la poda cuando es necesaria, lo que permite moldearla con relativa facilidad. Eliminar de vez en cuando las ramas más viejas y envejecidas ayuda a rejuvenecer el arbusto. Si crece demasiado en altura, las ramas largas pueden reconducirse recortándolas hacia una bifurcación lateral, reduciendo así el tamaño sin dañar la estructura general de la planta.
Las flores del amelanchier atraen a numerosos polinizadores en primavera. Cuando crece sin restricciones, los arbustos pueden alcanzar hasta seis metros de altura formando copas muy amplias y vistosas.
Consejo 3: Estimular la producción de frutos
Aunque el amelanchier es una planta naturalmente frugal, quien desee obtener una cosecha abundante puede potenciar la formación de flores y frutos mejorando el aporte de nutrientes. A principios de primavera, lo ideal es aplicar un abono orgánico, ya sea en forma de compost maduro o de harina de cuerno. Además, una generosa capa de mantillo alrededor de la base de la planta contribuye a retener la humedad del suelo durante los meses más cálidos y secos.








