Cultivo del kiwi en el jardín: lo que necesitas saber antes de empezar
El kiwi es una planta trepadora que, en las condiciones adecuadas, puede cultivarse perfectamente en nuestros jardines, aportando un toque exótico con sus frutos de piel aterciopelada. Eso sí, quien plante un ejemplar joven debe armarse de paciencia: desde la plantación hasta la primera cosecha suelen pasar entre tres y cuatro años. Si después de toda esa espera los frutos son pequeños o directamente no aparecen, la decepción es enorme. Para que tu esfuerzo en el jardín dé sus frutos —en el sentido más literal—, conviene conocer y evitar los errores más comunes en el cultivo del kiwi.
Error 1: No plantar un ejemplar masculino como polinizador
¿Tu kiwi no produce fruta y no entiendes por qué? La causa más habitual es la ausencia de una planta masculina que actúe como polinizador. El kiwi es una especie dioica, lo que significa que cada planta produce flores exclusivamente masculinas o exclusivamente femeninas. Los frutos se desarrollan a partir de las flores femeninas, pero esto solo ocurre si también hay una planta masculina en las proximidades, ya que sus flores son imprescindibles para la polinización. La planta masculina no debería estar a más de cuatro metros de distancia de la femenina.
Existen variedades autofértiles en el mercado que reúnen en un mismo ejemplar flores de ambos sexos. Aun así, la experiencia demuestra que plantar dos kiwis mejora notablemente el cuajado de los frutos. Si además los insectos escasean durante la floración —que habitualmente se produce entre mayo y julio, con sus características flores en forma de rueda—, un jardinero habilidoso puede intervenir y realizar la polinización de forma manual.
Error 2: No podar la planta
La poda es una de las tareas de mantenimiento más importantes del kiwi, tanto para estimular la formación de brotes fructíferos como para mantener la planta bajo control. A partir del tercer año de cultivo, la poda debe realizarse de forma regular: en verano, recorta los brotes que ya han dado fruto dejando aproximadamente un tercio de su longitud. Tras el corte deben quedar entre seis y ocho hojas por brote, lo que favorece la maduración de los frutos.
El segundo momento de poda corresponde al final del invierno: recorta la madera ya agotada hasta dejar tocones de unos cinco centímetros, ya que los brotes que ya han producido fruta no volverán a florecer. Conserva suficientes brotes del año en curso que aún no hayan fructificado. Para que los brotes fructíferos reciban suficiente luz solar, aclara también la planta eliminando los tallos que sobresalgan del espaldar. Dado que la capacidad de floración de los sarmientos viejos disminuye con el tiempo, conviene rejuvenecerlos cada tres o cuatro años.
Error 3: No proteger el kiwi de las heladas
Las variedades de kiwi de fruto grande prefieren en general zonas de clima suave y ubicaciones resguardadas del viento. Aunque muchas variedades se consideran resistentes al frío invernal, es muy recomendable cubrir los ejemplares jóvenes recién plantados durante sus primeras temporadas. Además, los brotes tiernos que emergen en primavera son especialmente vulnerables a las heladas tardías. Lo más prudente es cubrirlos a tiempo con yute o con tela de cultivo.
Si la planta ya es demasiado grande para protegerla por completo y algunos brotes se hielan, dale un tiempo antes de desahuciarla: el kiwi puede rebrotar desde la madera vieja, aunque la cosecha de ese año podría verse reducida. Más resistentes al frío que sus parientes de mayor tamaño son los llamados minikiwis o kiwibayas, que dependiendo de la variedad y la especie de origen aguantan entre -20 y -35 grados Celsius. No obstante, tampoco en este caso está de más proteger los brotes jóvenes frente a las heladas primaverales tardías.
Por último, conviene recordar que el kiwi tiene un período de maduración bastante largo. Según la variedad y la región, la cosecha puede prolongarse hasta bien entrado el otoño, y no todos los frutos maduran antes de las primeras heladas intensas. En general, los frutos toleran heladas ligeras, pero es aconsejable recogerlos antes de que las temperaturas desciendan demasiado para evitar daños por congelación. Déjalos madurar después en casa: cuando estén blandos al tacto, estarán listos para comer.








