¿Las malas hierbas invaden tu jardín una y otra vez?
Las plantas no deseadas, conocidas coloquialmente como malas hierbas, brotan precisamente donde menos las queremos y pueden convertirse en un verdadero quebradero de cabeza con el paso del tiempo. Eliminarlas es, sin duda, una de las tareas más ingratas del jardín.
Especies como el aegopodio (Aegopodium podagraria) o la grama común (Elymus repens) figuran entre las más persistentes, ya que resultan extraordinariamente difíciles de erradicar. Todo aficionado a la jardinería sueña con un método rápido, eficaz y respetuoso con el medio ambiente. Pero ¿qué técnicas y productos están realmente permitidos? A continuación te lo explicamos.
1. Eliminar las malas hierbas a mano: azada y escarda
Quien recurre con frecuencia a la azada frena el crecimiento de las malas hierbas de forma eficaz y duradera. Con esta herramienta tan sencilla se corta la vegetación indeseable a ras de suelo o justo por debajo, aflojando al mismo tiempo las capas superficiales de la tierra.
Un dato interesante: pasar la azada con regularidad también reduce la necesidad de riego, ya que la herramienta corta los finos capilares del suelo y evita que el agua se pierda por evaporación. Así, se puede ahorrar hasta dos o tres riegos por cada vez que se azada.
Eso sí, la azada solo resulta efectiva contra las malas hierbas que se propagan por semillas y contra las de raíz joven. En el huerto es la herramienta estrella, pero en el jardín ornamental conviene escardar a mano, extrayendo las plantas junto con toda su raíz. El diente de león (Taraxacum officinale), por ejemplo, hunde sus raíces muy profundamente, por lo que puede ser muy útil un extractor de malas hierbas con hoja larga y estrecha que penetre con precisión en el suelo.
Si en las juntas de tu pavimento crece oxalis (Oxalis corniculata) o musgo, puedes eliminarlos con un rascador de juntas o un cepillo de alambre resistente. Una vez limpias las juntas, es recomendable rellenarlas con arena antigerminante para evitar que las malas hierbas vuelvan a instalarse. Atención: los herbicidas están completamente prohibidos en superficies pavimentadas como caminos, entradas de garaje y terrazas, ya que con la lluvia sus componentes activos podrían filtrarse al agua subterránea o a los cauces cercanos.
2. Combatir las malas hierbas con calor
Cómodo y que ahorra tiempo: en superficies pavimentadas es posible eliminar las malas hierbas aplicando calor directo con quemadores de malas hierbas, pasándolos sobre las zonas afectadas hasta que las hojas adquieran un tono verde apagado. Este proceso destruye las células de las hojas y los tallos, provocando la muerte de la parte aérea de la planta.
Sin embargo, hay una limitación importante: el calor no llega hasta las raíces, por lo que las plantas suelen rebrotar al cabo de una o dos semanas. Además, hay que extremar la precaución en épocas de calor y sequía para evitar incendios. Un efecto similar se consigue vertiendo agua hirviendo directamente sobre las malas hierbas.
3. Corteza de árbol triturada contra las malas hierbas
Una capa de corteza triturada sobre los parterres mantiene a raya de forma muy eficaz las semillas que intentan germinar. La corteza de pino es especialmente eficiente gracias a su alto contenido en taninos, que inhibe la germinación de las semillas indeseadas.
Distribuye la corteza en una capa de al menos cinco centímetros de grosor justo después de plantar. Antes de aplicarla, es conveniente abonar el terreno con cuernos triturados para compensar el déficit de nitrógeno que genera la corteza al descomponerse.
Importante: antes de usar este método, comprueba que tus plantas toleran bien la corteza. Como regla general, todas las plantas de bosque o de borde forestal, es decir, las que crecen en condiciones de sombra, soportan el acolchado sin ningún problema.
¡Sal y vinagre no son una buena idea contra las malas hierbas!
Tanto en superficies pavimentadas como en zonas de cultivo, los remedios caseros a base de sal y vinagre deben evitarse por completo. La sal de cocina se deposita en las hojas y las deshidrata, mientras que el ácido acético, según su concentración, puede dañar las plantas y la vida del suelo, llegando incluso a acidificarlo con un uso continuado.
Según la normativa de protección fitosanitaria, solo está permitido utilizar productos fitosanitarios homologados para el uso específico al que se destinan. Por eso, si recurres a algún producto químico, opta únicamente por los que hayan sido testados y autorizados por los organismos competentes y adquiérelos en establecimientos especializados.








