Da igual cómo lo llames: stargazing, noctoturismo, astroturismo u observación de estrellas. Es una tendencia que sencillamente no pasa de moda. Y no es ninguna sorpresa, porque nos lleva a rincones remotos del planeta donde disfrutar del aire libre en calma absoluta, sin contaminación lumínica ni acústica, en un desintoxicante retiro natural. El magnetismo del cosmos infinito hace el resto. A continuación, algunas coordenadas para encontrar tu observatorio ideal en cualquier parte del mundo.
Friuli Venezia Giulia, astrotrekking en el cosmos
De día, un paisaje de ensueño con las montañas de la Carnia reflejándose en un lago de color esmeralda. De noche, un asiento de primera fila para contemplar la Vía Láctea desfilando en un susurro infinito de estrellas. Bienvenidos a Sauris, uno de los destinos de excelencia para el stargazing en Friuli Venezia Giulia, con un valor añadido nada desdeñable: la localidad cuenta con el sello de sostenibilidad del Global Sustainable Tourism Council, organización sin ánimo de lucro que fija los estándares globales del turismo responsable.
La observación de las estrellas resulta aún más enriquecedora acompañado de un guía experto en los bosques de Lateis que rodean el pueblo. Durante el recorrido se narran las historias de estas tierras donde todavía se habla la antigua lengua saurana, y uno tiene la sensación de estar dentro de una saga de fantasía. Después, todos con la nariz apuntando al cielo para orientarse entre estrellas y constelaciones, escuchando el idioma intemporal del Universo.
Croacia, planetario natural
Cuarenta y seis. Ese es el número mágico: las tierras emergidas —entre islas, islotes y escollos— que forman el parque natural del archipiélago de Lastovo, cuyo nombre proviene de la isla principal y única habitada. Rincón meridional de Croacia, estuvo cerrado al turismo hasta 1988, un aislamiento venturoso que hoy lo convierte en hábitat de más de 800 especies vegetales, 175 de aves y 248 entre flora y fauna marinas.
En los alrededores no hay grandes ciudades, lo que garantiza una ausencia casi total de contaminación lumínica, condición esencial para un stargazing verdaderamente memorable. Aún más especial si tenemos en cuenta que aquí las estrellas se contemplan tumbado en la playa. Por ejemplo en Mali žal, una pequeña cala de guijarros en el interior de la ensenada Skrivena luka, en la costa sur de la isla de Lastovo. En Lastovo solo existe un hotel, pero hay casas de alquiler disponibles; los guardabosques del parque organizan excursiones en barco para descubrir el archipiélago.
Suiza, con estrellas también en el planetario
A apenas media hora de Berna se encuentra el parque natural de Gantrisch. Su contaminación lumínica es prácticamente nula, hasta el punto de haber sido declarado Dark Sky Park por la asociación DarkSky International, organización sin ánimo de lucro dedicada a proteger el entorno nocturno de la polución lumínica. Esa certificación garantiza una oscuridad excepcional.
Además, los aficionados al stargazing pueden sumergirse en el espectáculo de la bóveda celeste gracias al planetario Space Eye, diseñado por el reputado arquitecto suizo Mario Botta. Hasta el 25 de junio, las extraordinarias imágenes del cosmos se disfrutan con un toque festivo durante las Space Beer Night, que incluyen degustaciones de cerveza. Mientras esperas que caiga la noche, Gantrisch invita a explorar sus bosques, marismas y el páramo más extenso de Suiza a pie o en bicicleta.
Inglaterra, A de Andrómeda
El parque nacional de Northumberland, en el condado homónimo del noreste de Inglaterra, en la frontera con Escocia, también ostenta la certificación de Dark Sky Park. Con sus casi 1.500 kilómetros cuadrados, se lleva además el título de mayor área protegida de cielo oscuro de toda Europa.
Esa oscuridad absoluta lo convierte en uno de los mejores lugares del continente para observar la Vía Láctea y la galaxia de Andrómeda a simple vista, aunque siempre es recomendable llevar unos prismáticos para una exploración más detallada. Uno de los puntos más espectaculares es Cawfields Quarry, una antigua cantera donde las estrellas se reflejan en un espejo de agua —aunque el baño está prohibido—, y que cuenta con aseos disponibles para los visitantes.
Japón, teleférico hacia el firmamento
El Ministerio de Medio Ambiente japonés no tiene ninguna duda: uno de los mejores lugares del país para hacer stargazing es el pequeño pueblo de Achi, en la prefectura de Nagano, en los Alpes japoneses, prácticamente a mitad de camino entre Tokio y Kioto.
Incluso hay un teleférico que acerca a la bóveda estrellada ascendiendo hasta los 1.400 metros de altitud. En la cima se encuentra el Star Village Achi, equipado con bar y telescopios. Entre las experiencias diurnas imprescindibles: visitar el mercado de agricultores que se celebra cada mañana en Achi para descubrir los productos de la región y relajarse en un onsen, los tradicionales baños termales japoneses.
EE. UU., estrellas originarias
El Arches National Park de Utah es sin duda una localización muy fotogénica para admirar el cielo nocturno. Pero si buscas salirte de los circuitos más transitados, el Chaco Culture National Historical Park, en un remoto rincón de Nuevo México, merece toda la atención. La ciudad más cercana es Farmington, a 120 kilómetros de distancia.
El punto fuerte de este parque certificado como Dark Sky Park son los Night Sky Program, creados ya en 1991, durante los cuales el cielo nocturno se explica a través de la cultura del antiguo pueblo Chaco, que habitó estas tierras hace mil años. Y que entendía mucho de astronomía, como demuestra el llamado Sun Dagger o puñal de sol: una suerte de reloj solar compuesto por tres losas de piedra de hasta tres metros de altura con grabados en espiral que, iluminados por los rayos del sol, señalan solsticios, equinoccios y ciclos lunares. La única opción para dormir dentro del parque es el camping.









