Para que los pepinos produzcan frutos abundantes y sabrosos, conviene conocer los errores más comunes en su cultivo y, por supuesto, saber cómo evitarlos. Solo así nada se interpondrá en el camino hacia una cosecha generosa.
Con frutos pequeños y redondos o bien grandes y alargados, los pepinos (Cucumis sativus), de la familia de las cucurbitáceas, son una presencia clásica en cualquier huerto. Ahora bien, no todos los pepinos son iguales. Mientras que las variedades para ensalada, como los pepinos tipo serpiente, se cultivan habitualmente en invernadero, para el cultivo al aire libre resultan más adecuados los pepinos de pelar y los de encurtir en vinagre.
Error 1: Sembrar o plantar los pepinos demasiado pronto
Los pepinos necesitan, ante todo, mucha luz y calor. Por eso, conviene esperar antes de hacer una siembra directa en el exterior hasta que el suelo se haya calentado lo suficiente, es decir, un mínimo de 13 grados Celsius. Con las plantas jóvenes también hay que ser precavidos: lo más prudente es no trasplantarlas al huerto hasta mediados de mayo, una vez pasadas las heladas tardías de primavera.
Para las siembras tempranas, el uso de acolchado negro de plástico ha demostrado ser muy eficaz, ya que incrementa la temperatura del suelo en torno a cuatro grados Celsius. Cubrir las plántulas con vellón térmico, cubos o tarros de conserva colocados a modo de campana también puede funcionar como acumulador de calor.
Los pepinos para ensalada suelen pregerminarse en casa y después se trasladan al invernadero, donde el ambiente es cálido y húmedo. Tampoco aquí conviene precipitarse con la siembra: se siembran las semillas en macetas dos o tres semanas antes del trasplante definitivo, no antes. Si se adelanta demasiado, las plántulas crecen en exceso antes de llegar al bancal o al invernadero. La germinación es más rápida entre 25 y 28 grados Celsius; una vez germinadas, se recomienda bajar la temperatura ligeramente, a unos 19-20 grados. El trasplante se realiza en cuanto la planta ha desarrollado dos hojas verdaderas.
Error 2: Descuidar el suelo
Tanto en el huerto al aire libre como en invernadero, los pepinos son plantas muy exigentes en nutrientes y requieren un sustrato suelto y rico en materia orgánica. Al ser de raíz superficial, el suelo no puede encharcarse bajo ningún concepto. En terrenos pesados hay que prestar especial atención a mantener una buena estructura.
El mejor abono de fondo para los pepinos es estiércol de caballo pajoso y semicompostado, que se incorpora al suelo durante la preparación del bancal a razón de unos cinco litros por metro cuadrado. Como alternativa, se puede usar compost maduro mezclado con paja picada. También resulta muy beneficioso aplicar una capa de acolchado de paja o hierba cortada en la zona de las raíces: mantiene el suelo suelto y húmedo durante todo el ciclo de cultivo.
Atención: los pepinos no deben volver a cultivarse en el mismo suelo hasta pasados cuatro años, de lo contrario se produce el llamado cansancio del suelo.
Error 3: Distancias insuficientes y falta de espalderas
Quien cultiva pepinos sabe que el oídio —tanto el verdadero como el falso— es un problema habitual. Para prevenir estas enfermedades fúngicas, hay que tener en cuenta varios factores ya desde el momento de la plantación. En primer lugar, es fundamental respetar las distancias entre plantas: en invernadero se recomienda entre 130 y 170 centímetros entre filas y de 45 a 55 centímetros dentro de la fila. Para el cultivo al aire libre, la pauta habitual es de 100 x 40 centímetros.
Para que las plantas no queden en contacto directo con el suelo y puedan secarse mejor, conviene proporcionarles espalderas o estructuras tutoras. Aunque para los pepinos de campo y los de encurtir no es estrictamente necesario, en principio todas las variedades pueden conducirse en espaldera. En invernadero, los pepinos para ensalada se guían idealmente mediante cordeles atados a las vigas del techo. En exterior se pueden emplear estructuras de madera o mallas trepadoras tipo judía.
Error 4: Regar los pepinos de forma incorrecta
Para lograr una producción constante y abundante, los pepinos necesitan un aporte de agua continuo y regular. Como regla general: por cada kilo de pepinos cosechado, la planta consume unos doce litros de agua. Las necesidades son especialmente altas cuando empiezan a formarse los primeros frutos. En períodos de sequía hay que regar a diario.
Lo ideal es regar por la mañana temprano con agua a temperatura ambiente, preferiblemente no demasiado fría. Así se evita que los pepinos desarrollen ese sabor amargo tan indeseable. Además, si las plantas llegan secas a la noche, el mildiu falso tiene menos condiciones favorables para proliferar. Como medida preventiva, el riego debe realizarse siempre en la base de la planta, en la zona de las raíces, sin mojar el follaje.
Error 5: Olvidar abonar y deshojar los pepinos
Durante la fase de crecimiento, los pepinos no solo necesitan agua en abundancia: las aportaciones de abono tampoco pueden faltar. Se recomiendan los fertilizantes orgánicos para hortalizas, ya que liberan sus nutrientes de forma lenta y sostenida. Los horticultores ecológicos confían además en el purín de consuelda, rico en potasio, o en el purín de ortiga, ambos diluidos en agua en proporción 1:10.
Para un crecimiento sano, también es conveniente podar moderadamente el follaje cuando este se vuelve demasiado denso. Una práctica que da buenos resultados es eliminar todos los brotes laterales por debajo de unos 80 centímetros de altura, cortando justo después de la primera hoja. Los tallos principales también deben despuntarse para evitar que se alarguen en exceso.
En cuanto a la cosecha, hay una regla de oro: cuanto más a menudo se recolecten los frutos, más abundantemente brotarán los nuevos. No dejes que los pepinos envejezcan en la planta si quieres maximizar la producción.








