Cultivar tomates: ¡Estos 5 errores son fatales!

Los errores más comunes al cultivar tomates

¿Llevas temporadas intentando cultivar tomates sin éxito y tus cosechas siempre han sido decepcionantes? Seguramente has cometido alguno de estos cinco errores fundamentales que te explicamos a continuación.

Jugosos, aromáticos, bajos en calorías y con una asombrosa variedad de tipos: los tomates son, sin duda, la hortaliza favorita de los aficionados a la huerta. Para que el cultivo de estos frutos —rojos, amarillos o de cualquier otro color— sea realmente exitoso, es imprescindible conocer los fallos más habituales en la plantación y el cuidado, y saber cómo evitarlos.

Error 1: Condiciones del suelo inadecuadas

En términos generales, los tomates no son demasiado exigentes con el tipo de suelo. Sin embargo, reaccionan de forma muy negativa ante terrenos pesados y con escasa ventilación, ya que en ellos se acumula con facilidad el agua estancada, algo enormemente perjudicial para la planta.

Por eso, es fundamental remover bien la tierra antes de plantar. Además, conviene distribuir entre tres y cinco litros de compost por metro cuadrado e incorporar harina de cuernos al suelo. Una tierra rica en humus y nutrientes es la base ideal para estas plantas tan voraces, que durante la fase de crecimiento de hojas y brotes demandan grandes cantidades de nitrógeno.

Atención: los tomates deben cambiarse de bancal cada año. Si se plantan repetidamente en el mismo lugar, el suelo se agota, las plantas crecen débiles y las enfermedades se propagan con mayor facilidad.

Error 2: Plantar demasiado pronto, demasiado juntos o en espacios sin ventilación

Otro error frecuente es ignorar las condiciones de temperatura, luz y circulación de aire. Los tomates son plantas que aman el calor y la luminosidad; necesitan una ubicación cálida, soleada y bien ventilada. Si quieres sembrar los tomates tú mismo, no empieces demasiado pronto: en febrero la luz suele ser insuficiente. Es mejor esperar hasta finales de marzo o principios de abril.

El trasplante al exterior tampoco debe adelantarse en exceso. Como los tomates son muy sensibles a las heladas, lo más prudente es esperar a que hayan pasado las últimas heladas primaverales y las temperaturas se mantengan por encima de los 16 grados Celsius.

Con un invernadero, un túnel de plástico o una estructura similar puedes adelantar la plantación unas cuatro semanas. Estas construcciones protegen a los tomates del viento fuerte y de la lluvia. Eso sí, es imprescindible ventilar regularmente abriendo los laterales para que siempre circule una ligera brisa y la temperatura no supere los 35 grados Celsius. El exceso de calor también resulta dañino y puede provocar frutos huecos y deformes.

Asimismo, las hojas y los frutos deben secarse rápidamente tras la lluvia o el rocío para frenar la proliferación de hongos. Y un punto clave más: para que los tomates dispongan de suficiente luz y ventilación, respeta una distancia mínima de 60 centímetros entre cada planta.

Error 3: Abonar de forma incorrecta

Para que los tomates crezcan sanos y vigorosos, estas plantas tan exigentes no solo necesitan un buen suelo de partida. Durante la fase de crecimiento son igualmente importantes los aportes adicionales de nutrientes. La mayor demanda nutricional comienza en cuanto se empiezan a formar los frutos.

Son muy recomendables los purines de consuelda y de ortiga, que se aplican diluidos en el agua de riego aproximadamente cada tres o cuatro semanas durante el período de crecimiento. Los fertilizantes específicos para tomates, ricos en potasio y magnesio, también resultan muy beneficiosos.

En cambio, durante la fase de fructificación conviene evitar los abonos con alto contenido en nitrógeno, ya que estos favorecen el desarrollo de hojas y brotes en lugar del de los frutos. Pero cuidado con pasarse: tanto la falta como el exceso de nutrientes puede ser problemático. Un exceso suele manifestarse en el enrollamiento de las hojas.

Error 4: Regar mal

El riego es otro aspecto en el que fácilmente se cometen errores. Justo después de plantar, riega bien tus tomates. Cuando las plantas muestren un impulso de crecimiento evidente, significa que ya han arraigado correctamente. A partir de ese momento, los tomates deben regarse con moderación: espera a regar hasta que las plantas dejen caer ligeramente las hojas por las mañanas, señal de que necesitan agua.

La mayoría de las veces se riega en exceso. Con menos agua, las plantas desarrollan un sistema radicular más profundo y son capaces de acceder a la humedad de las capas más profundas del suelo. Sin embargo, tampoco debes esperar demasiado: si el suelo se seca por completo, los tomates de piel fina tienden a rajarse. En épocas de mucho calor habrá que recurrir más frecuentemente a la regadera. Los tomates cultivados en maceta necesitan riegos más frecuentes que los plantados en bancal.

Para prevenir enfermedades fúngicas como el mildiu y la podredumbre parda, riega siempre en la base de la planta, idealmente con una regadera de cuello largo o alcachofa. En plantas robustas, conviene retirar preventivamente las hojas inferiores que hayan sido mojadas. Para los cultivos en maceta, un buen drenaje en el fondo del recipiente es esencial para evitar el encharcamiento.

Error 5: Olvidarse de eliminar los brotes laterales

Si se deja crecer a los tomates sin intervenir, con el tiempo desarrollan largos brotes laterales en las axilas de las hojas, conocidos como chupones o brotes axilares. En las variedades de tallo único o tutor, estos brotes suelen producir frutos pequeños y su abundante follaje proyecta sombra sobre los frutos cercanos, impidiendo que maduren correctamente.

Para favorecer la salud de las plantas y la formación de buenos frutos, es fundamental eliminar estos chupones con regularidad. Hazlo cuanto antes, mientras los brotes todavía son tiernos y fáciles de arrancar. Por la mañana se rompen con mayor facilidad y las heridas tienen todo el día para cicatrizar al aire.

Como alternativa, puedes cortarlos con un cuchillo limpio y bien afilado. Durante la fase de crecimiento activo, se recomienda realizar esta operación aproximadamente una vez por semana. Cuando los tallos principales se engruesen y comiencen a cuajar frutos, deben atarse a un tutor de apoyo. Además de eliminar los chupones, podar las plantas de tomate de manera adecuada contribuye a que los frutos maduren mejor y las plantas se mantengan sanas durante toda la temporada.

Author

  • Ignacia Antonia es una creadora digital chilena que comparte contenido sobre lifestyle, tendencias y momentos de la vida cotidiana. Sus publicaciones destacan por un estilo moderno, cercano y enfocado en la inspiración diaria.

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