El pito real, un ave que no deja a nadie indiferente
El pito real es un ave que despierta simpatía de inmediato. Su peculiar voz, su llamativo plumaje en tonos verdes, grises y rojos, y su manera de caminar con cierto aire altivo mientras busca alimento en el césped lo convierten en uno de los pájaros más carismáticos de nuestros jardines y bosques.
Picus viridis ocupa el segundo puesto en tamaño entre los pájaros carpinteros de Europa Central, por detrás del pito negro, y el tercero en abundancia, después del pico picapinos y del propio pito negro. El 90 % de su población mundial vive en Europa, donde se calcula que existen entre 590.000 y 1,3 millones de parejas reproductoras. En Alemania, estimaciones ya algo antiguas —de finales de los años 90— cifraban entre 23.000 y 35.000 las parejas nidificantes.
Su hábitat natural —zonas boscosas, jardines amplios y parques— se encuentra cada vez más amenazado. Aunque durante décadas el pito real llegó a figurar en la lista de aviso previo de especies amenazadas, en la actualidad el Centro de la Lista Roja lo clasifica en la categoría de “No amenazado”.
1. El pito real es un fanático de las hormigas
A diferencia de casi todos los demás pájaros carpinteros, el pito real busca su alimento prácticamente en exclusiva en el suelo. Mientras sus parientes escarban en los troncos en busca de insectos, este pájaro vuela directamente hacia zonas despejadas del césped o de terrenos en barbecho para rastrear sus presas favoritas: las hormigas.
Con el pico amplía los túneles del hormiguero subterráneo y, gracias a su lengua —que puede alcanzar hasta diez centímetros de longitud—, palpa el interior de las galerías para ensartar hormigas y sus pupas con la punta endurecida y provista de pequeños ganchos. La actividad hormiguera se intensifica especialmente durante la cría de los polluelos, ya que estos se alimentan casi únicamente de hormigas.
Los ejemplares adultos completan su dieta de forma ocasional con pequeños caracoles, lombrices de tierra, escarabajos, larvas de típula y algunas bayas.
En invierno, el pito real dirige su atención hacia los montículos de los hormigueros de los bosques. Memoriza su localización exacta y es capaz de encontrarlos incluso cuando están cubiertos de nieve: excava galerías a través de la capa nevada hasta llegar al interior del hormiguero, donde las hormigas pasan el frío hibernando.
2. Los pitos reales se ríen
Pocos pájaros tienen una voz tan inconfundible como el pito real. Su reclamo recuerda a una carcajada gutural y relinchante, que fonéticamente podría transcribirse como algo similar a «kiü-kiü-kiü». Resulta imposible confundirlo una vez que se ha escuchado.
Lo que sí resulta llamativo es que el pito real no es un gran tamborileo. Cuando golpea la madera de los troncos, los impactos son más bien suaves e irregulares. Mientras que otros pájaros carpinteros utilizan rápidos y sonoros redobles para marcar su territorio y comunicarse, el macho del pito real se vale de ese canto risueño para cumplir exactamente la misma función.
3. El pito real en la medicina popular
Durante la Edad Media, la medicina popular atribuía propiedades curativas a los huesos del pito real. Se creía que tenían efecto diurético y que podían aliviar las inflamaciones de riñones y vesícula biliar.
Sin embargo, el médico y escritor alemán Christian Friedrich Samuel Hahnemann cuestionó abiertamente esta supuesta eficacia ya a finales del siglo XVIII, en su obra conocida como el Lexicón farmacéutico. En ella escribió: «Los antiguos atribuían a los huesos secos y pulverizados de este pájaro una fuerza diurética, aunque en vano».
Una muestra más de que este ave singular ha fascinado a los seres humanos mucho más allá de la naturaleza, dejando huella incluso en la historia de la medicina.








