Los tomates son bastante exigentes en cuanto a sus cuidados. Con los siguientes consejos, tus plantas se mantendrán sanas y producirán frutos sabrosos y abundantes.
Consejo 1: Guiar el crecimiento de los tomates de forma estratégica
Para lograr un crecimiento estable y seguro, casi todos los tomates —a excepción de las variedades arbustivas— necesitan un tutor o soporte lateral. Lo más recomendable es clavar las espirales o tutores desinfectados directamente en el suelo en el momento de la plantación.
Si los tallos principales no encuentran su camino hacia arriba por sí solos, hay que ir enroscándolos a través de las espirales durante el período de crecimiento. Como alternativa, también pueden usarse cuerdas o cañas rectas como apoyo. Además, eliminar los brotes laterales a tiempo facilita mucho el atado. Revisa tus plantas con regularidad para detectar nuevos brotes en las axilas de las hojas y extráelos preferiblemente por la mañana, para que las heridas puedan secarse durante el día. Esta práctica tiene otra ventaja importante: la planta concentra su energía en la formación de frutos grandes y aromáticos.
Consejo 2: Ayudar en la polinización
Ya desde mayo, cuando aparecen las pequeñas flores amarillas en las axilas de las hojas del tomatero, puedes impulsar el desarrollo de tus plantas. Las flores son hermafroditas, es decir, contienen tanto órganos masculinos como femeninos y son capaces de autofecundarse.
Al aire libre, el viento y los insectos suelen garantizar una polinización eficaz. Sin embargo, en invernaderos el movimiento del aire es limitado y los insectos tienen poco acceso. En ese caso, puedes intervenir sacudiendo las flores dos veces por semana. Algunos aficionados utilizan la cabeza vibratoria de un cepillo de dientes eléctrico, aplicándola justo por encima de las flores. Esta técnica resulta especialmente útil desde la apertura de las flores hasta la formación de los frutos.
Consejo 3: Abonar los tomates correctamente
Para que los tomates crezcan en óptimas condiciones, es imprescindible un aporte adecuado de nutrientes. Estas plantas, consideradas grandes consumidoras, se desarrollan especialmente bien en suelos ricos en humus. Antes de plantar, conviene incorporar de tres a cinco litros de compost por metro cuadrado y trabajar además cuernos molidos en la tierra.
Durante la etapa de mayor crecimiento, en junio y julio, los tomates se abonan aproximadamente cada dos o tres semanas. Puede usarse un fertilizante rico en potasio y magnesio —entre 30 y 50 gramos por metro cuadrado— o purines caseros de ortiga o consuelda añadidos al agua de riego. Los abonos con alto contenido en nitrógeno no son los más indicados, ya que favorecen el desarrollo foliar pero reducen la floración y la producción de frutos.
Si no estás seguro del nivel de nutrientes de tu suelo, lo más práctico es realizar un análisis del mismo. Tanto la carencia como el exceso de nutrientes se pueden detectar observando las hojas: las hojas de color verde claro indican escasez de nitrógeno, mientras que las de verde oscuro señalan un exceso. Las hojas estrechas, rojizas o marrón-violáceas pueden deberse a una falta de fósforo, y los bordes foliares secos pueden ser consecuencia de un déficit de potasio. El enrrollamiento de las hojas puede apuntar a un exceso de nutrientes.
Consejo 4: Prevenir las enfermedades fúngicas en las plantas de tomate
Una de las enfermedades más temidas del tomate es el mildiu tardío o tizón tardío, causado por el hongo Phytophthora infestans. Entre sus síntomas destacan las manchas marrones en hojas y tallos, que pueden extenderse rápidamente en condiciones de humedad. Para prevenir esta enfermedad, lo ideal es cambiar la ubicación de los tomates en el huerto cada año.
Para que las hojas se sequen con rapidez, es aconsejable elegir un lugar protegido bajo algún tipo de cubierta y mantener una distancia entre plantas de al menos 60 centímetros. Riega los tomateros con un chorro suave de agua dirigido a la base y evita que las salpicaduras alcancen las hojas. Como medida preventiva, puedes retirar las hojas inferiores de las plantas bien desarrolladas —no más de tres hojas por planta en un mismo día—. Si ya hay un leve ataque, elimina y desecha de inmediato las hojas y frutos afectados.
Consejo 5: Regar los tomates de manera adecuada
El riego correcto es otro aspecto fundamental en el cuidado del tomate. Tras el trasplante, las plantas deben regarse abundantemente, pero solo hasta que se produzca el primer impulso de crecimiento. A partir de ese momento, es mejor regar con moderación para que las plantas profundicen sus raíces y desarrollen un sistema radicular sólido. Además, mantener el sustrato relativamente seco mejora el sabor de los frutos.
Solo cuando las plantas presenten las hojas caídas por la mañana será señal inequívoca de que necesitan agua. Pero cuidado: si un suelo completamente seco recibe un riego excesivo de golpe, los frutos de piel fina suelen agrietarse de forma circular. Por ello, conviene vigilar las plantas con atención. En los meses más calurosos del verano, es posible que tengas que regar a diario.
Consejo 6: Dejar madurar los frutos fuera de la planta
El momento ideal de la cosecha llega cuando los tomates han alcanzado el color característico de su variedad. En otoño, sin embargo, las temperaturas pueden descender con rapidez y los últimos tomates verdes que quedan en la planta a menudo no logran madurar antes de las primeras heladas.
Esto no supone ningún problema: basta con cortar los tomates dejando un pequeño trozo de tallo y dejarlos madurar en un ambiente de entre 18 y 20 grados centígrados con alta humedad. La luz no es necesaria en este proceso. Un truco de los más experimentados es colocar junto a ellos algunas manzanas: el etileno que desprenden acelera la maduración de los tomates.








