Una alternativa deliciosa a las malas hierbas
En cualquier jardín brotan hierbas y plantas no deseadas en los lugares más inoportunos. Los parterres que acabas de limpiar vuelven a llenarse de maleza en un abrir y cerrar de ojos, exigiendo otra ronda de trabajo. Pero, ¿y si en lugar de agacharte a arrancar malas hierbas pudieras agacharte a recolectar frutos frescos?
Imagina que las zonas problemáticas de tu jardín estuvieran cubiertas por plantas que ofrecen hojas sabrosas o frutos deliciosos. Esos rincones adquirirían un significado completamente distinto: en vez de combatir el verdor indeseado, tendrías ingredientes frescos para ensaladas, tés y mucho más. Te contamos qué plantas tapizantes comestibles mantienen a raya las malas hierbas mientras te recompensan con una cosecha.
Frutos rastreros: bayas que cubren el suelo
Diversas especies de bayas se prestan de manera excelente a funcionar como tapizantes, suprimiendo la competencia no deseada. Estas plantas se desarrollan con gusto en semisombra, bajo árboles y arbustos con un follaje no demasiado denso.
- Fresa silvestre: Mucho más pequeña que la fresa de cultivo, pero con un aroma extraordinariamente intenso. Puedes comerlas directamente en el jardín, añadirlas como topping en ensaladas o postres, o elaborar con ellas mermeladas y jaleas caseras.
- Arándano silvestre: Comparte varias características con la fresa del bosque en comparación con su variedad cultivada: los frutos son más pequeños, pero poseen un sabor considerablemente más concentrado e intenso que los arándanos de cultivo.
- Arándano rojo o lingonberry: Un ingrediente clásico para acompañar carne de caza. Como tapizante, aporta una nota fresca y ácida a zumos y confituras caseras.
Plantas aromáticas para tés y condimentos frescos
Existe toda una gama de plantas aromáticas capaces de prosperar donde casi nada más lo hace. El asperilla olorosa y la lavanda son dos ejemplos perfectos. Empleadas como tapizantes, enriquecen cualquier rincón del jardín y aportan variedad y sabor a la cocina.
- Asperilla olorosa (Waldmeister): Prefiere la sombra, ama los suelos ricos en humus y necesita cierta humedad. Una vez que se establece en un lugar de su agrado, regresa fielmente cada año con su característico perfume. Resulta exquisita en ponches, siropes, tés y es especialmente deliciosa en helados y otras elaboraciones lácteas.
- Lavanda: Necesita pleno sol y tolera muy bien los periodos secos. Esta planta está repleta de aceites esenciales aromáticos. Puedes macerar sus partes en aceite de oliva o espolvorear sus hojitas como condimento sobre platos contundentes. Combinada con flores de saúco, resulta igualmente deliciosa en refrescos y limonadas. Importante: asegúrate de elegir variedades aptas para el consumo humano.
Lechugas y brotes silvestres como tapizantes
Puede sonar un poco inusual al principio, pero también puedes cubrir las zonas conflictivas del jardín con lechugas de hoja pequeña. Crecen tan rápido que las malas hierbas apenas encuentran hueco para abrirse paso.
- Lechugas de hoja cortada: Son plantas agradecidas que crecen velozmente y forman una cubierta vegetal densa en muy poco tiempo. Un emplazamiento soleado o de semisombra les va muy bien. Recuerda mantener la humedad constante sin que se encharque el sustrato.
- Canónigos (maché): Una planta poco exigente que puedes intercalar fácilmente entre otras hortalizas. Mantiene las malas hierbas a distancia y permite varias cosechas consecutivas durante algunas semanas.
- Pamplina o hierba gallinera: Esta planta es la pesadilla de muchos jardineros, ya que parece capaz de crecer en cualquier lugar y reaparece sin cesar. Sin embargo, tiene un sabor suave con un toque a nuez que recuerda al maíz tierno o a los brotes de soja. Puedes comerla cruda o ligeramente cocida al vapor. Queda deliciosa mezclada con requesón, como ingrediente en un smoothie, en ensaladas combinadas con espinacas o como toque especial en un salteado de verduras.
Cómo plantar tapizantes correctamente
Para conseguir una cobertura vegetal compacta que no deje resquicio a las malas hierbas, es fundamental plantar los tapizantes a la distancia y en la cantidad adecuadas. Si el espaciado es demasiado generoso, las hierbas no deseadas aprovecharán los huecos libres para instalarse.
Conviene preparar bien el suelo antes de plantar, eliminando a fondo las malas hierbas existentes y enriqueciéndolo con compost o materia orgánica si es necesario. Una vez que los tapizantes se hayan establecido y formen una cubierta densa, el mantenimiento se reduce considerablemente. La clave del éxito está en elegir la especie adecuada para cada tipo de suelo y condiciones de luz de tu jardín.








