¿Por qué las hormigas crían pulgones?

Una ganadería en miniatura bajo nuestros pies

Los humanos llevan miles de años criando animales domésticos para aprovechar sus recursos. Pero no somos los únicos: las hormigas también cuidan sus propios “animales de granja”, concretamente los pulgones. Y el motivo es tan sencillo como fascinante: estos pequeños insectos producen algo que las hormigas codician enormemente.

Se trata de la melaza, una sustancia azucarada que los pulgones expulsan como producto de desecho. Para obtenerla, perforan con sus aparatos bucales los tubos cribosos de las plantas que colonizan. Por esos conductos fluye una savia compuesta principalmente de hidratos de carbono y, en menor proporción, de aminoácidos. Los pulgones solo necesitan esos aminoácidos —los bloques fundamentales de las proteínas—, de modo que el exceso de azúcar se elimina en forma de melaza.

Cómo consiguen las hormigas la melaza

Las hormigas utilizan este producto rico en azúcar para alimentarse a sí mismas y a sus crías. Atraídas por la melaza, estimulan activamente a los pulgones para que la liberen: los “acarician” con sus antenas y, en respuesta, los pulgones segregan la preciada sustancia en forma de una pequeña gota transparente y dorada.

De esta manera, las hormigas pueden lamer directamente el líquido recién secretado. Recogerlo fresco es mucho más sencillo que intentar despegarlo de una superficie una vez que se ha secado y endurecido. Una vez que su buche está lleno, la hormiga regresa al hormiguero para distribuir el dulce botín entre el resto de la colonia.

Algunos investigadores apuntan incluso a que ciertas especies de pulgones dependen de la ayuda de las hormigas para sobrevivir, ya que sin ellas correrían el riesgo de ahogarse en sus propias secreciones líquidas. Cabe señalar que no todas las hormigas poseen esta habilidad: son principalmente la hormiga negra de los caminos y la hormiga parda las que se asocian con este comportamiento.

A cambio de la melaza, las hormigas protegen las colonias de pulgones de sus depredadores naturales, que son numerosos: entre ellos se cuentan las mariquitas, las avispas parásitas y los crisópidos junto con sus larvas.

¿Simbiosis o esclavitud?

La relación entre hormigas y pulgones se describe habitualmente como una simbiosis, dado que ambas especies se benefician de la convivencia. Sin embargo, algunos biólogos británicos tienen una visión bastante más crítica al respecto.

Estos investigadores sostienen que las hormigas liberan sustancias químicas para dificultar los movimientos de los pulgones, lo que les facilita mantener unido su “rebaño productor de melaza”. En ocasiones, el control se vuelve aún más drástico: las hormigas llegan a morder las alas de los pulgones alados para limitar su capacidad de desplazamiento. Incluso parece que emplean señales químicas para inhibir el desarrollo de alas en los pulgones jóvenes.

Las hormigas del sureste asiático van todavía más lejos y trasladan regularmente a sus pulgones hacia nuevos pastos. Los transportan con sus piezas bucales hasta lugares donde hay plantas jóvenes con abundante savia. Cuando la producción es elevada en ese nuevo emplazamiento, llevan más pulgones para ampliar la explotación.

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  • Ignacia Antonia es una creadora digital chilena que comparte contenido sobre lifestyle, tendencias y momentos de la vida cotidiana. Sus publicaciones destacan por un estilo moderno, cercano y enfocado en la inspiración diaria.

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